Cada Inmigrante Hispano tiene su historia
y la de Josefina y Glorita fue una de ellas 

El pasado 11 y 12 de julio fallecieron dos grandes amigas, aquellas que se aferran a una amistad real, sincera e incondicional. Fue algo que me motivó a seguir engranando esa conexión con ellas.
Josefina, quien tenia 87 años de edad y murió el lunes 11 de julio en su hogar en Sunrise, fue una modista y artesana que desarrolló su destreza con pasión y creatividad en su natal Venezuela. Compartió su experiencia acá en talleres, enseñando a muchos en el camino. Participó en ferias y shows de manualidades y artesanía. Se inspiraba en sus creativas almohaditas con mensajes del Padre Nuestro y el Ave María. Le preocupaba y ayudaba a gente necesitada a pesar de que ella misma vivía con limitaciones. La costura fue otra de sus destrezas y distracciones. Pero sus años de vejez los vivió sola, alejada del abrazo y el calor familiar que tanto se desea en la distancia. Había llegado al país hace más de 40 años, como tantos inmigrantes , en busca de oportunidades. En el proceso de todos esos años de adaptación, trabajando, descubriendo y experimentando su vida de extranjera en este país, las cosas dieron otro giro y su vida cambió a un nivel de soledad, depresión, deterioro de su salud, y siempre con la añoranza de querer regresar a su terruño y abrazar a su familia que un día la vio partir cargada de ilusiones.


Agradezco el cariño y confianza que en todo momento me demostró.
¡Descansa en Paz y hasta siempre, AMIGA!

Dicen que la amistad verdadera, aquella que perdura y se consolida con los años, no existe.
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 Pero cuando nos toca vivirlo y estar tan cerca de esas personas, nuestra percepción cambia y nos hace sentir más comprometidos en ayudar y apoyar a quienes han depositado su confianza en lo que ellos perciben como un reflejo a lo que desean.
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Otra de mis amigas quien falleció, luego de casi cuatro meses en Hospicio en su hogar de Coral Springs fue Glorita Meléndez, aferrada a la vida, abrazando a sus inseparables Rosarios y oraciones que la acompañaron hasta su último día. 
Conocí a Glorita hace muchos años en la Legión de María en la Iglesia St. Vincent de Margate. Desde que la vi, sentí ese calor de madre y abuela que tanto deseamos compartir desde la distancia cuando no tenemos a los nuestros cerca. Siempre me consideró como a una hija; rezaba por mí, reflejaba emoción en su rostro al verme, abrazaba mi foto cual hija consentida. En fin, un amor de buenos sentimientos hacia mí que en todo momento aprecié y valoré. Fue una conexión tan maternal que a mí misma me sorprendía.
Glorita era dominicana y vivía con uno de sus hijos. Un día tuvo que regresar a su tierra natal donde permaneció varios años hasta que regresó de nuevo a este país donde se mantuvo rodeada de cariño y afecto por quienes tuvimos la suerte de conocerla y compartir con ella sus vivencias.
Cuando entró en Hospicio en su hogar le daban semanas y hasta días de vida, pero su apego a este mundo le daba la fuerza sobrenatural para seguir allí rezando, oyendo su Rosario en la radio, así como la Santa Misa. Reía y se alegraba cuando le llevaban flores indicándole a su hijo que las colocara frente a la Virgen. Estaba muy consciente y reconocía. 
Glorita Meléndez falleció el martes 12 de julio a eso de la una de la madrugada a la edad de 96 años. Toda una vida dando amor y rezando por todos.
¡Paz a sus Restos!