FLORIDA
Por Karina Guzmán
Constelaciones Familiares y el Hogar:
Herencias invisibles, espacios conscientes
Este mes, quisiera compartir con los lectores una terapia emocional que me ha sorprendido profundamente: las constelaciones familiares. Y como en esta columna hablamos sobre temas relacionados con nuestros hogares, este artículo es un intento por integrar, a modo de reflexión, ambas temáticas. No solo desde la técnica, sino desde la visión de que nuestra sanación emocional también incluye nuestros espacios.
¿Qué son las constelaciones familiares?
Las constelaciones familiares, desarrolladas por Bert Hellinger, son una metodología terapéutica que permite visualizar las dinámicas ocultas de un sistema familiar. Se basan en tres leyes sistémicas: pertenencia, orden y equilibrio. Cuando estas leyes se alteran—por exclusiones, duelos no elaborados o lealtades inconscientes—el sistema genera síntomas que pueden manifestarse en los ámbitos emocionales, físicos y también, como proyección, en nuestros espacios. A veces repetimos patrones, sentimos emociones o acarreamos decisiones que no empezaron con nosotros. Las constelaciones ayudan a identificar esos hilos invisibles que nos conectan con nuestros ancestros, y que a veces nos limitan y afectan en distintas formas sin que seamos conscientes de ello.
No se trata de revivir el pasado, sino de reconocerlo. De darle lugar. De entender que lo que no se nombra, se repite. Y que lo que se honra, se transforma.
Tampoco necesitamos saber todo sobre nuestras familias para empezar. No hace falta tener el árbol completo ni conocer cada historia. A veces basta con la intención de mirar. De preguntarte con honestidad: ¿qué estoy repitiendo sin darme cuenta? ¿qué emociones no son mías pero las cargo igual? ¿qué puedo soltar para vivir más liviano?
¿Cómo se relaciona todo esto con el hogar?
Mucho más de lo que parece, pues el hogar también es un sistema y casi sin excepción, es un reflejo de cómo estamos por dentro; de cómo están nuestra mente y nuestras emociones. Hay espacios que se sienten pesados, objetos que ya no nos representan, rincones que guardan historias que no hemos soltado. Transmitimos a nuestros hogares nuestra propia vibración, afectando la energía de cada uno de sus espacios.
Después de una constelación, muchas personas sienten la necesidad de mover cosas, de limpiar, de abrir espacio para lo nuevo. No por decoración, sino por liberación. Pareciera que cuando algo se ordena en el árbol, también necesita orden en la casa. Es como si el cuerpo y el entorno respondieran a lo que se acomodó internamente. De pronto comienzas a ver ese mueble que nunca te convenció, quieres revisar esa caja que llevas años sin abrir y redecorar ese rincón que siempre evitabas… Y así, sin pensarlo demasiado, empiezas a actuar: tiras, acomodas, regalas, enciendes una vela, abres una ventana. No es solo estética. Es simbólico. Es tu sistema diciendo: “ya quiero respirar distinto”.
Al intentar ordenar el árbol, también podríamos usar el impulso para extender su influencia hasta nuestros hogares de modo que en ellos veamos plasmados lo que a nivel consciente ya estamos listos para soltar, para honrar o para transformar. No necesitamos hacer grandes cambios. A veces basta con un gesto: cambiar de lugar una foto, crear un altar, hacer una limpieza profunda o liberar un espacio que se sentía estancado. Son movimientos pequeños, pero con una carga emocional profunda.
Las constelaciones familiares no son una fórmula mágica, pero sí una herramienta poderosa que podemos extender hasta nuestros hogares para convertirlos en aliados de nuestros procesos de sanación. Al final, sanar es eso: soltar lo que pesa, lo que ya cumplió su ciclo, lo que no nos pertenece. Es hacer espacio -en la historia, en el cuerpo, en la casa- para que todo lo nuevo pueda entrar. Cuando nos permitimos ordenar lo invisible, también empezamos a habitar lo cotidiano con más ligereza, más conciencia y más amor.
Karina Guzmán
Periodista y Consultora de Feng Shui aplicado al Diseño de Interiores.











