Desde mi Ventana

por Mercedes Moresco

Acerca de mí

Nací hace cincuenta y cinco años en una ciudad que hoy, a pesar de la distancia y el tiempo, todavía añoro. Una ciudad de no tan buenos aires - más bien húmedos y en verano, insoportablemente tórridos - una ciudad de veredas rotas y tráfico agresivo, una ciudad de tangos y pianos en el subte, de jacarandá en flor y avenida Corrientes. Mi ciudad. Buenos Aires. 
De allí me fui hace ya veinte inviernos - era julio, el 13 - para llegar a otra tórrida y húmeda ciudad, mi mía ciudad que enfrenta al mar sin pedir permiso. Aquí me quedé. Por ahora.
De alguna manera mi vida se divide en un antes y un después de esa mudanza. 
Antes yo era profesora de literatura, dictaba talleres literarios para jóvenes, tenía dos hijos y vivía entre libros, pañales y salidas al parque que mitigaban el encierro del departamento. Iba al cine y al teatro, bailaba tango y jazz, caminaba mucho. Para sumar algo de ingresos al presupuesto familiar trabajaba en dos, o tres, colegios de la zona. Tenía muchos alumnos y tareas que corregir. Acabábamos de hacernos una casita en Pilar, una zona suburbana que recién comenzaba a crecer, y aunque la entrada al barrio aun no estaba pavimentada, firmamos ilusionados los papeles que nos harían dueños de ese terreno que cumplía todos nuestros sueños. Pero era el año 2000 y las cosas no salieron como planeamos. La empresa de mi esposo cerró y le ofrecieron un trabajo en Miami. Imposible competir con esa oportunidad. Cerramos las puertas de la casita en el campo sin siquiera haberla disfrutado un verano. Todavía sueño con ella.
Nos instalamos en el sur de la Florida, en Pembroke Pines. Comenzó otra vida. Solo que casi no nos dimos cuenta, inmersos en la tarea de adaptarnos a un país, a un idioma, a una cultura diferente. Preocupada porque mis hijos no perdieran el español fundé una escuela. Educando a América nació en septiembre de 2004 como una respuesta para aquellas familias que buscaban mantener el español en sus hijos. Los míos, los cuatro - porque en este lado del mundo nacieron otros dos - , son hoy bilingües. Ellos son mi mayor orgullo. 
Así, la profesora se convirtió en empresaria. De escuelita rural pasamos a programa de after school en varios colegios del condado. Nos fue muy bien. Junto a un equipo increíble de maestros y profesionales educamos no ya solo a niños de familias hispanas sino a todos aquellos que querían aprender español de una manera natural y divertida. Y aunque la pandemia del 2020 nos sacudió un poco, hoy seguimos trabajando por difundir el idioma español en América.
Pero entre el antes y el después de la mudanza hay algo en mí que se ha mantenido, algo que ha atravesado las fronteras y es tan fuerte que ningún traslado ha podido cambiar. Mi escritura. La misma que me llevó a encontrar a Judith y al periódico, que hoy cumple veinte años. Escribir para EnUSA Newspaper fue un oasis en medio de tantos cambios. Un espacio donde me encontraba con la misma Mercedes que había dejado en Buenos Aires. Un lazo de unión con la que fui. Hoy sigo escribiendo mi columna con el mismo cariño de hace veinte años, feliz de recibir los mensajes de fieles lectores que comparten sus ideas conmigo.
Hace un tiempo he comenzado a caminar más, a bailar de nuevo, a ofrecer clases de asistencia literaria y talleres. La maestra de español, la empresaria y la escritora caminan juntas. Se llevan bien. Mis hijos han crecido. Empiezan a volar. Tengo de pronto más tiempo para leer. Para escribir. Estoy en paz.