Desde mi Ventana

por Mercedes Moresco

De estos comienzos hace ya dieciséis años. Hoy por hoy me siento orgullosa de cuántos niños han pasado por nuestras clases, niños que hoy por hoy, son perfectamente bilingües.

¿Por qué es tan difícil 
aprender una segunda lengua?

Desde que fundé Educando a América en el 2004, he estado enseñando el idioma español en los Estados Unidos. De estos comienzos hace ya dieciséis años. Hoy por hoy me siento orgullosa de cuántos niños han pasado por nuestras clases, niños que hoy por hoy, son perfectamente bilingües.
Pero, a decir verdad, no podría afirmar que todos los alumnos que estudian en Educando a América logran una competencia en español semejante a la de un hablante del idioma. ¿Por qué? Si el programa y la planificación de clases es similar en todos nuestros centros, si casi todas las profesoras llevan catorce años en la institución ¿cómo es posible que los resultados no sean los mismos para todos los alumnos?
Pues bien, la respuesta es simple y compleja al mismo tiempo: la diferencia está en el propio estudiante. Desde la aptitud lingüística, pasando por la edad y la personalidad y terminando en la motivación, hay muchas variables que inciden en la adquisición de una segunda lengua.
Si bien es cierto que los niños tienen la facultad de aprender la lengua de manera mucho más exitosa que un adulto, ni siquiera la edad por sí sola nos garantiza el aprendizaje. También son de vital importancia factores como la motivación y la actitud frente al aprendizaje. Un estudiante dispuesto a cometer errores, por ejemplo, tiene más oportunidades de practicar la lengua que otro que no se anima a hablar por el temor a equivocarse. 
Si hablamos de las destrezas relacionadas con la lectura y la escritura, un alumno con un alto CI podría llegar a altas competencias en esas áreas. Pero de allí a dominar las destrezas orales hay una gran diferencia. Ser capaz de hablar en la otra lengua implica mucho más que conocer las reglas gramaticales y el vocabulario. Y es allí justamente donde entran en juego las variables afectivas y psicológicas que complican la adquisición. Cuántos de nosotros habremos estudiado inglés durante años en la escuela y al venir a vivir a Estados Unidos nos hemos encontrado con que aun nos faltaba mucho para dominar el idioma. 
Generalmente, en la medida en que usamos esa segunda lengua para vivir y comunicarnos, vamos adquiriendo más soltura y fluidez, vamos quebrando las barreras que nosotros mismos a veces nos imponemos.
La necesidad, por ejemplo, es un factor muy importante a la hora de usar la segunda lengua. Si no tienes la necesidad de comunicarte, seguramente usarás la lengua que te queda más cómoda y donde te sientes más fluido. Y eso sucede a todas las edades. 
Pero si no tienes más remedio que usar la lengua para comunicarte, seguramente lo harás, sea cual sea el grado de destreza que tengas en la misma.
Más simple o más difícil, lo importante a la hora de aprender un segundo idioma es ser conscientes de los factores que nos ayudarán a mejorar día a día , tanto si los aprendientes somos nosotros, o nuestros propios hijos. Fijar metas prácticas y reales y hacer del proceso educativo un espacio sin presiones que dificulten o inhiban, sino mas bien nos ayuden a hablar, leer y escribir mejor día tras día.

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