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DESDE MI VENTANA

Por Mercedes Moresco

Diciembre hoy

He notado que últimamente diciembre comienza en noviembre. Cada vez más rápido. No alcanzo a juntar las calabazas y los esqueletos de Halloween que ya algunos vecinos ponen renos inflables a pastar en sus jardines. Aquí diciembre no llega, aquí empuja la puerta y simplemente pasa.

 

Cuando vivía en Argentina, diciembre comenzaba el 8, el Día de La Virgen, cuando poníamos el árbol y lo adornábamos de esferas multicolores. Aquí es diferente. Si espero hasta el 8 probablemente no encontraré en las tiendas más que los restos de decoraciones que nadie quiere. Para esa fecha ya no se consigue nada. Por eso me he amoldado, como inmigrante que soy, a esta ansiedad general y, aunque trato de esperar el fin del mes, casi seguro el 1 de diciembre ya podés ver el árbol en mi casa. Además reconozco que es conveniente aprovechar este fin de semana largo de Thanksgiving y decorar con gusto a navidad.

 

Esto último con los años se ha hecho más complicado. Cuando los chicos eran pequeños les encantaba ayudarme en navidad, colgar las decoraciones, escribirle cartas a Santa. Pero mis niños crecieron. Si fuera por mi marido, en casa no habría ni árbol ni estrellas, ni que hablar de luces que cuelgan del techo, o de los árboles.

 

Así que yo soy la que se trepa a la escalera, trata de que los adornos queden parejos y, a pesar de lo poco hábil que soy para decorar, trato de que mi casa respire un aire navideño. Porque a mí me encanta. Me encanta diciembre y el tiempo más fresco, los villancicos, la alegría general. Soy de esas personas. Sí.

 

Mi familia, aunque poco colaboradora, disfruta del espectáculo. A veces Luz, la más chica, se hace un hueco de su tiempo joven para ayudarme, pero generalmente armo y desarmo sola. Y mientras lo hago voy pensando que ya pasó un año, otro año, que cuántas cosas no hice y cuántas otras sí, que no terminé tal ni comencé cuál. Y luego vienen los papelitos de los deseos, el próximo año voy a, quiero esto, lo otro y así se va llenando el árbol de promesas e ilusiones.

 

Diciembre es un mes exigente. Exige balance. Y para muchos es una piedra en el zapato, algo que molesta y es mejor que pase pronto, que lo saltemos como una valla con púas, tratando de no clavarnos ninguna. Por mi parte, mi naturaleza pisciana, o tal vez la mayoría de edad, me impiden recordar exactamente qué fue lo que me propuse a principios de este año. Tal vez porque no me tomo tan en serio las resoluciones, tal vez porque aprendí que aunque uno proponga Dios dispone, así que más bien se trata de hacer lo que uno puede con lo que toca en suerte.

Les dejo a mis lectores toda mi alegría de diciembre, esta suerte de ingenuidad que me inunda en estas fechas, un poco como volver a ser esa niña que colgaba la estrella en la punta del árbol, y así tal vez los contagie también a ustedes.

 

Muy felices fiestas para todos y que enero, mes mucho más amable y rendidor que diciembre, los encuentre con energías renovadas.

 

Mercedes Soledad Moresco Escritora

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Mercedes Moresco

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