DESDE MI VENTANA
Por Mercedes Moresco
Mis comienzos en En USA
Todavía puedo recordar aquella llamada, hace ya veinticuatro años, con las manos llenas de dudas y una sola certeza: sabía de textos, aunque no imaginaba todavía qué lugar iba a ocupar en este periódico. Recién instalada en el sur de la Florida, adaptándome a un país, a un clima, a una manera distinta de decir las cosas, me acerqué a Judith Crocker para ofrecerme como correctora. Nada más que eso pensaba pedir. Pero Judith, con esa intuición suya que con los años aprendí a confiar, me ofreció algo que no había pedido: una columna. Dije que sí enseguida, casi sin pensarlo.
No recuerdo exactamente qué escribí en esa primera nota. Pero sí recuerdo la sensación: la de haber encontrado, del otro lado del teléfono, un lugar donde la Mercedes que había dejado en Buenos Aires -la profesora, la que llenaba cuadernos, la que necesitaba contar lo que veía- podía seguir existiendo. Escribir para EnUSA no fue un trabajo más entre tantos que empecé en esos años de reinventarme. Fue, desde esa primera llamada, un ancla.
Por esos mismos años nació otra cosa: Educando a América, la escuela de español que fundé pensando en que mis hijos no perdieran el idioma. Y EnUSA no se quedó afuera de esa historia. El periódico fue, desde el principio, un aliado fiel: publicitó cada nuevo programa, acompañó cada celebración del mes de la Hispanidad, ayudó a que otras familias supieran que existíamos. Muchas de las familias que hoy recuerdo con cariño llegaron a la escuela porque leyeron sobre ella en estas mismas páginas. Mi columna y mi escuela crecieron así, de la mano, sostenidas por el mismo periódico que confió en mí para las dos cosas.
Con el tiempo entendí que esa columna no fue solo mía. Fue también de Judith, que cada fin de mes me recordaba el próximo número con esa tenacidad suya que a veces me apuraba y siempre me sostenía. Fue de esta comunidad de lectores que, sin conocerme, empezó a esperar mis columnas. Y fue, sobre todo, de esa versión más joven de mí misma que no imaginaba que veinte y tantos años después seguiría escribiendo, contando quién soy, en qué cambié y en qué no.
Porque hay algo que no cambió: la necesidad de escribir para entenderme. Empecé en este periódico casi al mismo tiempo que empezaba de nuevo en este país, y esas dos historias -la mía y la de EnUSA- crecieron entrelazadas, aunque nunca compartiéramos una oficina. Hoy que el periódico cumple veinticinco años, no puedo separar mi propia historia de inmigrante de la de estas páginas que me dieron un lugar para contarla.
Gracias, Judith, por haber visto una columnista donde yo solo ofrecía corregir comas. Gracias por acompañar también el crecimiento de Educando a América como si fuera propio. Gracias a los lectores que, edición tras edición, me hicieron sentir que valía la pena seguir escribiendo. Y feliz aniversario a este periódico que fue, desde el principio, mucho más que un espacio de trabajo: fue, y sigue siendo, un lugar donde volver a encontrarme.
Mercedes Soledad Moresco Escritora
Instagram @mermoresco

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