top of page

DESDE MI VENTANA

Por Mercedes Moresco

Carpe diem

Escribo en la última mañana de 2025, urgida por entregar esta nota que abrirá el próximo año. Es que no puedo dejar de escribir hoy, de cerrar este ciclo, así como tampoco pueden faltar en la vida los principios y los fines.

 

Cerrar el año tiene algo de muerte, y comenzar uno es siempre un nacimiento. La rueda de la vida con todos sus lugares comunes viene a mi mente en este momento. Y con ellos el tiempo, el reloj que continúa funcionando hasta que un día no funcione más.

 

Siempre me han obsesionado los relojes que no funcionan. Ese tiempo detenido en dos agujas que no giran, y que al azar dos veces al día estarán funcionando para un ojo que por allí pase en ese momento y consulte las agujas y éstas darán, oh casualidad, la hora exacta. Pero sucede que yo no creo en las casualidades y sí en cambio, en las causalidades, esos instantes en que algo sucede por alguna otra cosa como la que estoy mencionado, el tiempo detenido en la hora que debe marcar y luego, unos minutos antes y después, la muerte, porque el reloj no funciona. Ya no da la hora exacta, ya no se mueve ni se moverá hasta por lo menos doce horas más, hasta que el ciclo se complete otra vez.

 

¿Cambiaría algo en tu vida, lector, lectora, si supieras la hora en que vas a morir? No el día, ni el mes, ni siquiera el año, solo la hora. Piénsalo. Probablemente me digas que no, que no te cambiaría nada y que tratarías de no pensar en ello. Pero en realidad sabes que sí, que te afectaría, que estarías todos los días pensando., antes o después de esa hora, y por lo menos dos veces al día, ¿será hoy? Y entonces ¿qué? ¿Te cambiarías de ropa?, ¿te maquillarías?, ¿comerías algo rico?, ¿leerías ese libro que quedó pendiente, besarías a tus hijos, a tu amor?

¿Llamarías a alguien? ¿Todos los días? O algunos sí u otros no?

 

Ya sé, es un poco extraño este artículo y estos pensamientos para comenzar el 2026. Debería escribir sobre los planes para este nuevo año, las resoluciones que tomamos y no cumplimos, porque en verdad todos hacemos lo que podemos con la vida, aunque juguemos a controlarla. Y cuando un pensamiento como este de los relojes me atrapa, yo prefiero compartirlo con ustedes, lectores, aunque no sea el más apropiado para abrir el año, tal vez los deje pensando que hay un reloj en este mundo, detenido, que marca la hora de tu muerte. Tú no sabes cuál es, yo tampoco, pero ahí está, en una casa de antigüedades, en la estantería, olvidado, en una baulera de cosas viejas. Y no sé si es importante encontrarlo o no, pero de lo que sí estoy segura es de que tener conciencia de la muerte nos acerca a la vida. Así, en un segundo, a la hora exacta, contenemos la respiración. Y al ver que seguimos fluyendo, respiramos hondo y decimos: hoy no fue, así que carpe diem.

 

Mercedes Soledad Moresco Escritora

 
DSC_0046_2 (1).jpg

Mercedes Moresco

bottom of page