DESDE MI VENTANA
Por Mercedes Moresco
En el mundial desde Buenos Aires
Escribo este artículo desde Buenos Aires, Argentina. Siempre es un alivio alejarse un poco de los calores sofocantes del verano en Florida. Así, camino por las calles de mi ciudad, y mientras todos se quejan del frío, se abrigan con bufandas que les tapan hasta los ojos y usan camperas térmicas, yo salgo a disfrutar.
No sé si a ustedes, lectores míos, les pasa lo mismo cuando visitan sus países de origen, pero a mí no me gusta sentirme turista en Buenos Aires. Me encanta cuando la gente me pide direcciones por la calle. Y yo se las doy sin dudar. ¿Por qué? Porque soy de acá más que de ningún otro lado del mundo. Porque en algún punto siento que nunca me fui de Buenos Aires. Conozco las calles mejor que muchos, los barrios porteños, los teatros. Me faltan datos actuales, eso debo admitirlo. Paso por un café donde siempre tomaba algo con mis abuelas, y está cerrado. Me pierdo un poco cuando quiero llegar al centro, pero perderme por las calles no es ningún problema cuando no tengo horarios para llegar a ningún lado. Me divierto esperando el colectivo, o el subte, o el tren. Escucho las conversaciones de la gente, leo los graffiti en las paredes y admiro la creatividad de esos poetas urbanos. Y es allí, en los murales, en las vidrieras donde más se ve la fiebre mundialista que tiene esta ciudad.
Si hay algo que junta a todos los argentinos en un solo grito, eso es el mundial de fútbol y la selección, junto al inigualable genio de Leo Messi. La ciudad entera está empapelada con imágenes del seleccionado, banderas argentinas, frases y decoraciones alentando al equipo. No hay bar ni supermercado, cafecito o plaza donde no se cuelguen fotos de los jugadores. Promesas de viajes a Estados Unidos para ver los partidos, o loterías para los que les gusta predecir resultados.
Incluso han dispuesto una pantalla gigante en el parque Seeber y en la Plaza San Martín, para que la gente pueda verlo en espacios verdes al aire libre. Claro que muchos partidos son de noche y acá el frío invernal aprieta, pero conociendo a los fanáticos de la selección, yo creo que esos predios se llenarán por completo.
Estar acá durante el mundial de fútbol me ha hecho recordar otros mundiales, otras épocas en que nos reuníamos con amigos a alentar a la selección y salir luego a la calle a gritar las victorias. Alentábamos a Diego en vez de a Leo, pero con la misma pasión, con el mismo grito afónico y apasionado con que gritamos hoy, con que escucho a chicos y grandes alentar a la selección y con ella a Argentina toda, como si en un partido se jugara el alma misma de este pobre país, ilusionado con ser campeón otra vez, con sumar una estrella a las tres que ya tenemos, y tapar un poco así la frustración, el dolor, la pobreza de millones de argentinos que aun esperan un futuro mejor.
Mercedes Soledad Moresco Escritora
IG @mermoresco

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