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ENTRE COMILLAS

Por Ernesto Morales Alpizar

LAS GENERACIONES EN ORDEN CRONOLÓGICO

El propósito de este artículo es llevar a los lectores una visión somera del análisis realizado por expertos que he recogido en diversas fuentes, respecto a cómo ha sido el comportamiento de las diferentes “generaciones” humanas en su paso por el mundo. En él se delinean a grosso modo una cadena de matices y altibajos increíbles ocurridos en la sociedad contemporánea durante el siglo XX y principios del XXI. Estos cambios en la conducta han ido formando una personalidad especial para cada época, lo que muchos eruditos califican de “generaciones”. Los estudiosos de la “cronología” han tomado en cuenta estos períodos etarios y los han descrito con una multitud enorme de factores para cada grupo: 7 en total. Por ende, es importante conocerlos y aprender como fueron sus respectivos tránsitos por la vida.

 

1 - La Generación Interbellum creció durante la Gran Depresión, moldeando su carácter en la austeridad y el sacrificio. Corresponde a los nacidos entre 1918 y 1939, es decir, crecieron “entreguerras”, por lo que eran muy jóvenes para pelear en la Primera Guerra Mundial y demasiado mayores para la Segunda.

 

2 - La Generación Grandiosa comprende a personas nacidas entre 1901 y 1927. Es también conocida como la de la Segunda Guerra Mundial, que creció durante la Gran Depresión, pero, a diferencia de la anterior, luchó o vivió el conflicto bélico.

 

3 - La Generación de los Baby Boomers es la de los que abrieron los ojos al mundo entre 1946 y1964 cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, por lo que se vieron enfocados a la cultura del esfuerzo y la reconstrucción tradicional de sus respectivos países. 

 

4 - La Generación X nació entre 1965 y 1980, lo que les permitió fomentar la cultura tecnológica inicial, valorando en grado sumo la independencia y la estabilidad laboral.

 

5 - La Generación Y, conocidos como los “Millennials”, apareció entre 1981 a 1996, lo que les consintió vivir en la transición analógico-digital, un extraordinario equilibrio entre la vida, el trabajo y las experiencias adquiridas.

 

6 - La Generación Z o Centennials, llegó de 1997 a 2012): Dominan el Internet y las Redes Sociales, las que constituyen sus herramientas naturales, no una novedad. Se decantan por el trabajo híbrido, valoran muy en alto la salud mental y esperan ética de las empresas respecto al cambio climático y otras posibles conquistas laborales.

 

7 - La Generación Alfa, aún no ha llegado, pero es la que los estudiosos estiman seguirá el orden cronológico, y más tarde la Beta, muy a la par de la era digital con sus consiguientes Inteligencia Artificial y ChatGPT.

En cada generación la personalidad de sus representantes casi siempre ha cambiado sutilmente -aunque a veces los cambios han sido enormes- de manera que pudieran ajustarse al medio ambiente y, por tanto, subsistir y crecer en la siguiente fase. No obstante, cada una de ellas ha copiado de algún modo lo que había sucedido en la anterior, la que las precedía, obteniendo un aspecto diferente, un modo de ver las cosas de forma distinta, pero sin perder lo que consideran el glamour. De modo que, por ejemplo, la música que brillaba en una época trascendió a la próxima, pero ésta última modificó algunos detalles que se avinieran con los tiempos que vivían, de manera que pudieran adjudicarse los logros que obtuvieran. Y así ha sido una y otra vez en infinidad de disciplinas.

 

Tenemos el caso de las modas, la vestimenta, los peinados y cortes de cabellos, los tatuajes en cualquier parte del rostro y el cuerpo, los piercing (aretes o perforaciones) que se colocan según el gusto de cada cual donde le parecen -también por todas partes, vengan bien o no vengan, según opinión de los demás-.

 

Muy pocos de sus contemporáneos los critica porque entienden que los años llevan en sí mismos el síndrome de la aceptación o preferencia de las nuevas épocas. De modo que, al contrario. La mayoría de la sociedad ve con buenos ojos la liberalidad con que se presentan ellos -los de la nueva generación- y los califican como unos íconos de lo último de la moda en términos de vanguardismo. 

Sin embargo, todas las generaciones han sufrido en carne propia las debacles, conflictos, guerras y masacres de su época y, por consiguiente, han tenido que soportar la pérdida irreparable de cientos de millones de víctimas fatales a lo largo de los años, décadas y siglos. Es inmensamente triste, pero es una verdad irrefutable.

 

A estas alturas de la historia nadie es capaz de concebir una generación que no haya tenido que soportar las muertes de sus contemporáneos, siempre jóvenes, que quizás por ser más fuertes, más hábiles o más ágiles, hayan sido seleccionados por sus mayores para determinadas confrontaciones de carácter militar, social o ambas, en una cadena de trances, peligros y disyuntivas que han terminado en guerras infaustas, segando la paz y felicidad de muchas familias a lo largo de las conflagraciones beligerantes.  

 

Por supuesto, los mayores no se han “autoseleccionado en ninguna circunstancia”, de modo que siempre han sido los jóvenes quienes han “pagado el pato”, como se dice en la jerga popular. Son los jóvenes quienes han arriesgado sus vidas en pro de ideologías, egos, territorios allende sus propios confines, ansias de poder, y otros atributos ajenos que pueden atribuírsele a determinados personajes a quienes les ha tocado el turno de liderar o ayudar a dirigir a sus respetivos países.

 

Por esta vía, de cierta manera, podemos achacarles a los jóvenes los vaivenes que se han producido en la idiosincrasia de sus correspondientes naciones y los respectivos síntomas de autoritarismo, avaricia, maldad y otros adjetivos de sus líderes o dirigentes de turno en las diversas épocas analizadas por expertos en la materia.

 

Es lamentable que la vida nos lleve -queramos o no- por estos derroteros que conducen algunas personas desfasadas y desconectadas de la realidad, como todas las ambiciones superfluas y que, desafortunadamente, no conducen a ningún lugar cercano al paraíso y mucho menos, a la paz que todos anhelamos en mayor o menor medida. De modo que las familias que integran los países sufren en su fuero interno, las hecatombes que proporcionan el despilfarro de recursos, la escasez de sus bienes más preciados, y la dirección por los caminos equivocados.

 

Mientras, solo nos queda añadir “buena suerte en sus propósitos” y que, después de todo, las proyecciones salgan bien y en línea con las más humildes pretensiones de los habitantes de cada región.       

 
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Ernesto Morales

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