ENTRE COMILLAS
Por Ernesto Morales Alpizar
LOS DESINFORMADOS
Debieran ser pocos, pero no lo son. Al contrario, son muchos. Los desinformados son personas que suelen no preocuparse por el medio que les rodea y, por tanto, sus argumentos, criterios y puntos de vista alrededor de cualquier tema siempre están, cuando menos, descaminados. Para más agravio no son propensos a ver las noticias en la televisión, oírlas en la radio o leerlas en la prensa, e incluso no se sumergen en Internet en busca de la verdad -que, dicho sea de paso, muchos medios falsean, esconden o editorializan-. Entonces, por esta vía, los desinformados desconocen lo que acontece en su entorno y no se alteran por nada del mundo. Paradójicamente, siguen una rutina vinculada al rumor, el chisme de barrio, o los comentarios salpicados de humor que se producen en algunos centros de trabajo y universidades con relación a lo que sacude las entrañas de la sociedad.
Es lamentable reconocer que son estas personas precisamente las que pueden inclinar la balanza del entorno, guiando al resto de la multitud paralela hacia un abismo sin fondo. Es lo que sucede por ejemplo a la hora de seleccionar un líder o una ideología cualquiera. Debiéramos decirles: “Si no tienes suficiente información al respecto sería mejor que te guardaras tu opinión para mejores momentos, o al menos, para aquellos momentos en los que tus puntos de vista pueden ejercer determinados cambios de impresión y de algún modo contribuir a mejorar el espectro social”.
Pero, desdichadamente no es así. Debatir con ellos desde la trinchera del conocimiento es perder el tiempo. Con este tipo de personas, desafortunadamente, no podemos esgrimir los habituales argumentos o criterios que hemos comprobado que son irrebatibles en cualquier audiencia o grupo de expertos y analistas.
Para infortunio nuestro los desinformados creen saberlo todo, o al menos, así se proyectan en el escenario y acontecer diario. Como dijera Albert Einstin en su oportunidad: “La diferencia entre las personas con sentido común y los estúpidos es que los primeros tienen límites en sus manifestaciones, no así los segundos”.
Y es una verdadera pena que tengamos que soportar algunas insensateces dichas en ocasiones por personas de bien, decentes, y con una trayectoria digna para con sus familiares y amigos. Pero, ellas, precisamente basados en su trayectoria en sociedad, debieran ser más susceptibles y estar dispuestas a aceptar lo que se les explica con sensatez y para su desdicha, no conocen. Me da la impresión de que este grupo social debe avenirse a la idea de que se les trasmite para su información, no para ridiculizarlos en un diálogo con argumentos de extrema solidez.
Y aún más vergonzoso es llegar a convencernos de que el teatro de sus neuronas esté cerrado a la información mejor expresada y, por ende, sin suficiente cultura, instrucciones o conocimientos como para poner en duda lo que se les explica, por muy pacientes que sean sus contertulios. A lo largo del camino, es posible que dichas personas se arrepientan de haber tenido tal escasez de información y, por consiguiente, se recriminen de haber pecado de superfluos o pueriles en los análisis subsiguientes a la enjundia del debate, a que puede ser sometido cualquier tema de moda en su escala social.
También es un bochorno escuchar las opiniones de algunos personajes que destacan en diversas disciplinas artísticas, deportivas, políticas o religiosas, teniendo en cuenta que no se expresan sobre temas que conocen a plenitud porque su reflexión está inmersa sólo dentro de las materias que practican. Sin embargo, muchos de estos desinformados, ni siquiera dentro de tales asuntos concernientes a sus respectivas síntesis, son capaces de proferir puntos de vista con el acierto debido y, en tales casos, los tenemos por ahí, descollando en los medios de prensa conocidos y tratando de imponer sus juicios sin un átomo de sentido común.
Estos personajes recuerdan a los papagayos, loros y cotorras que imitan y repiten las voces humanas gracias a las siringes con que cuentan en la base de la tráquea. Esta digresión la he apuntado sólo por citar uno simples ejemplos de las payasadas de las que son capaces estos sujetos de ambos géneros.
Y ahí los tenemos, haciendo de las suyas con la transitoria audiencia que logran reunir en la mayoría de las oportunidades, gracias a un esfuerzo sobrehumano de sus ventrílocuos y jala levas, que no hacen otra cosa que desbrozar el subsecuente camino con que toparán sus momentáneos caudillos. Y así se van tejiendo las redes del infortunio y la ignorancia de que gozan y algunos hasta alardean.
Es terrible contemplar cómo, en muchas ocasiones, vivimos anclados a la ignorancia más legítima por el solo hecho de que existe una multitud de desinformados que siguen las máximas de estos tarados y atolondrados que en muchos grupos y populachos, se dan a la tarea de pontificar sus acciones como si de relatos bíblicos se trataran. ¡Qué pena!
Como cualquiera puede comprobar los líderes de la desinformación son, precisamente, personajes de tercera categoría en el cuadro sinóptico expuesto a las masas. Y estas masas son más fáciles de convencer debido a que su cerebro ha sido lavado a fondo y, por tanto, no podrán hallar la verdad recluida en algún lugar recóndito de su mente ni entre sus tejidos, por lo que sus neuronas estarán ebrias del placer que les brinda poder contentar a los imbéciles que les dirigen.
Los desinformados a veces -no siempre- componen un vulgo lindante con la chusma más repulsiva, los cuales, sin embargo, aún creo que podrían ser capaces de rectificar su andar por el trillado camino de la ignorancia, y avenirse a departir con aquellos que tienen la valentía de escuchar las verdades que pululan en los medios más o menos altisonantes.
Mi más genuina recomendación para todos los que leen esta publicación -que son miles- es que se informen de todo y no les den tregua a las verdades a medias ni a los disparates de ciertos grupos inescrupulosos que aún andan por ahí pregonando que “la tierra es plana”, que “la gallina nació primero que el huevo o viceversa” y que “las personas deben su independencia, su vida y la de su familia, a la participación de los seres supremos que priman en el planeta”.

