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ENTRE COMILLAS

Por Ernesto Morales Alpizar

LA IGNORANCIA ARTIFICIAL

En estos tiempos de Inteligencia Artificial me permito escribir un poco sobre la ignorancia. Esta condición no es producto de ningún esfuerzo, sino el resultado de no prestar la debida atención al mundo que nos rodea. He ahí entonces que hay quienes prefieren el entretenimiento simple a la curiosidad de quien quiere saber algo de historia y otras materias interesantes que nos conducen al conocimiento y, por tanto, a desarrollar y dirigir nuestro talento e inteligencia por mejores cauces.

De esta combinación de factores surge inevitablemente la cacareada Inteligencia Artificial, que no es otra cosa que una aplicación de Internet que nos lleva a comprobar la información que recibimos a diario, y nos ayuda, explorando funciones cognitivas humanas como el adiestramiento, la lógica y la reflexión respecto a la solución de problemas. Se relaciona con sistemas que alcanzan nuestro entorno y procesan datos que nos ayudan a tomar decisiones y actuar en consecuencia con un objetivo específico, a veces incluso, utilizando algoritmos para analizar datos y comprobar nuestras experiencias.

Como contrapartida también existe -a mi juicio- la Ignorancia Artificial, que es aquella que no da tregua al talento, y muchos que la poseen alardean de ella creyendo tener conocimientos que le son ajenos a los demás. Craso error. La ignorancia no estará jamás revoloteando por la mente de personas inteligentes o simplemente aquellas con sentido común. La ignorancia puede jactarse de su falta de información, educación y cultura porque desconoce los altibajos del talento. Una persona talentosa no necesita estar repitiéndole a los demás contantemente: “Yo sé lo que hago”. 

Al contrario, los ignorantes no se percatan nunca de su incompetencia y bajo ningún concepto descuidan la guardia para preservarla. Esto se debe a que no comprenden con exactitud la razón por la cual están en un nivel inferior al común denominador de la sociedad, es decir, sus vecinos, colegas de trabajo y otros círculos, donde han llegado por casualidad. La culpable de este desafortunado desnivel posiblemente sea la genética, pero, mucho cuidado al emitir un diagnóstico definitivo. A veces la estupidez ronda por algún lado y sus neuronas no pueden controlar su tráfico por las meninges que envuelven sus respectivos cerebros. 

Es menester añadir que quienes pertenezcan a este grupo que milita en la Ignorancia Natural, ésa de la que hemos hablado en párrafos anteriores, no significa que posea atisbos de maldad en modo alguno. Al contrario, en muchas ocasiones, quienes integran este desequilibrado círculo no son otros que aquellos cuya nobleza entorpece sus propósitos a tal punto que no son capaces incluso de originar el menor daño a los demás. 

Por supuesto, tampoco los ignorantes afortunados, aquellos que han podido a lo largo de su existencia acumular diversos conocimientos que les ayudan a vivir un tanto más informados, y por ende, son más perspicaces a la hora de tomar decisiones en su tránsito por la vida, y no lastimar a sus congéneres. De tal modo es así, que a veces -aunque parezca un contrasentido-, también tienden a acumular suficiente sentido común, adquirido en sus lecturas e informaciones diarias en medios de prensa y otras fuentes -sugeridas por personas a las que respetan-, y como resultado, llegan a ser en extremo mesurados y previsores en cuanto a tomar partido se refiere.  

Sería apropiado hacer una breve referencia a la actual Inteligencia Artificial, que por varios motivos a veces nos repliega a segundos planos. ¿Es acaso este nuevo medio de información e instrucción la base sobre la que se asentarán las columnas del pensamiento futuro? ¿Tendremos tiempo suficiente para controlarla y, de alguna manera, aprovecharnos de ella en múltiples tópicos y disciplinas? Por lo que he visto, escuchado y experimentado: ¡hay que esperar!

Estamos despertando en un mundo donde los criterios que hasta ahora han regido en la sociedad pronto serán obsoletos, cuando no imprácticos. La inteligencia y el talento humano van asidos de la mano de este nuevo amanecer del conocimiento y, por tanto, debemos ser cautelosos cuando de tomar decisiones se trate. La prudencia, la mesura y otros perfiles de la personalidad del ente social al que representamos -tanto aislados como en grupo-, deben estar estrechamente vinculadas a la experiencia que se derive de estas nuevas alternativas. 

Mientras, les recomiendo que traten de estudiar en profundidad estos nuevos perfiles sociales para que no les tome por sorpresa ninguna circunstancia que se les aparezca en el camino. La Inteligencia Artificial es un nuevo logro del grado de civilización al que hemos llegado con las muletas de la tecnología y la ciencia y sería bien triste tirar por la borda lo que hemos avanzado en diversas materias por el solo hecho de aceptar de buena gana lo que nos está deparando el destino técnico especializado. 

Aprender nunca esta demás y, quién sabe si usted puede constituirse en uno de esos expertos que andan por ahí promoviendo la idea de aceptar las nuevas aplicaciones para mejorar su modo de comprender las cosas que le va presentando el destino. Pero eso no significa que tenga que deshacerse de lo que sabe hasta ahora sobre Internet y las diversas funciones de cualquier aplicación especializada. De manera que aceptar su Ignorancia Natural no es otra cosa que sentir que debe someterse al nuevo conjunto de técnicas que el futuro ha puesto en su camino.

Por supuesto, nunca estaría de más ser vigilante de los conocimientos que vaya adquiriendo según avance en estas intríngulis tecnológicas para no perderse en laberintos que después dañen sus puntos de vista adquiridos hasta ese momento por otras vías menos sofisticadas y profundas. 

Hasta donde he podido experimentar, la Inteligencia Artificial ha venido para quedarse en nuestro entorno y, entre tanto, va barriendo con otros criterios relacionados con la experiencia que usted pueda haber adquirido hasta el momento. 

Recuerde que, desde ciertos ángulos, somos “animales de costumbre” y nunca sobra conocer hacia donde se mueven los artilugios de la ciencia y la tecnología. Hasta entonces, sea usted también uno de ésos a los que cada cierto tiempo estamos obligados a preguntarle: “¿hacia donde se está moviendo la rueda de la vida que nos conduce al futuro?”

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Ernesto Morales

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