ENTRE COMILLAS
Por Ernesto Morales Alpizar
LAS TRAGEDIAS
Desde tiempos remotos la furia de la naturaleza ha acorralado a los seres humanos, quienes han debido replegarse a lugares recónditos, ya que contra tales excesos no se puede luchar, e intentarlo es una locura en toda su extensión. Tomemos por ejemplo los episodios relacionados con terremotos, erupciones de volcanes, tsunamis, inundaciones, huracanes, fuegos y otras tragedias más, que nos azotan desde hace milenios, dejando a su paso millones de muertos sin que podamos evitarlos, por más que tales tragedias nos quiten el sueño pensando en soluciones que pudieran disminuir sus efectos.
La historia reciente está repleta de eventos en los cuales todos hemos sufrido intensamente la pérdida de cientos de miles de personas, quienes -quizás por ignorancia o despreocupación-, han pretendido vivir en zonas donde, en el pasado, la naturaleza ha hecho de las suyas, ocasionando el luto a otras tantas familias inocentes.
En muchas partes los ingenieros han diseñado pautas de construcción específicas para edificios, puentes y carreteras, en función de tratar de evitar en lo posible que una catástrofe de cualquier magnitud -por pequeña que sea- ocasione una desmesurada cifra de fallecidos y damnificados, llenando de sufrimiento y duelo a poblaciones enteras en diversas regiones y extensas áreas de territorio en todos los continentes.
En este análisis no podemos dejar de lado las epidemias, pandemias, virus infecciosos, enfermedades bacterianas propagadas por picaduras de pulgas, garrapatas y otros insectos, de roedores infectados, o animales muertos y putrefactos, además de una increíble cifra de trastornos de salud ocasionados por el cáncer, Alzhéimer, diabetes y otros padecimientos, los cuales han aniquilado a cientos de miles de seres humanos a lo largo de la existencia de la vida en el planeta.
Recordemos la peste negra -con hasta 200 millones de muertes entre 1347 y 1351-, la viruela, la gripe española, el Sida y la reciente COVID-19, dolencias contra los cuales los científicos, doctores y personal médico de todas las esferas, han luchado a brazo partido intentando descubrir las bacterias, infecciones, microbios y contagios que se esconden detrás de ellas y, como se ha dicho, diezmaron las poblaciones en múltiples puntos del globo terráqueo.
Otros reveses inconmensurables que ha sufrido la humanidad en su conjunto han sido los encontronazos entre mafias de narcotraficantes y grupos de otros diversos estilos delincuenciales, entornos y medio ambientes, que han acorralado al común denominador de las personas, debido a las grotescas luchas entre sí que tales maleantes y bandidos han proyectado a la decencia y la tranquilidad de los vecindarios.
Desafortunadamente nos peleamos por cualquier insignificancia que consideramos puede contener determinada magnitud negativa en su interior, pero, no es así. Es lamentable, pero, casi siempre estamos equivocados. A veces discrepamos por puntos de vista relacionados con la política, las miles de creencias absurdas ligadas a la religión, sectas y otras ideologías similares, territorios, egos personales, poderíos y riquezas, dejando a nuestro paso una sarta de víctimas fatales que no han tenido la culpa del conflicto bélico en el que nos hemos dejado arrastrar por líderes de pacotilla -muchas veces ignorantes, absurdos e incompetentes-. No nos percatamos de que nos exterminamos como seres humanos por valores que no significan nada. ¡Es muy triste!
Recordemos la Primera Guerra Mundial: 22 millones de muertos; la Segunda con 85 millones; la Guerra de Corea con 3 millones; la de Vietnam con otros 3 millones; la de Irak con medio millón; la de Afganistán sumó 200 mil víctimas y así sucesivamente en muchos otros países. Téngase en cuenta que no anoto aquí los conflictos en otras regiones porque haría demasiado largo este artículo. Por eso me he referido sólo a las luchas que se han librado con una amplia cobertura de prensa. En el mundo entero se batalla también en los lugares más remotos e inimaginables -aunque no nos enteremos debidamente por la escasez de información-, lo que sucede es que no obtienen la cobertura debida por lo intrincado de sus pormenores y detalles geográficos.
Entonces, aunque nos parezca insólito, todavía hay cientos de miles de personas tratando de imponer sus criterios abiertamente en contra de la convivencia pacífica de los pueblos. Me refiero a diversos grupos de guerrilleros que moran en otros confines, enarbolando argumentos fuera del contexto en el cuadro general y defendiendo aún a dictaduras actuales; concretamente me refiero a los terroristas de todas las fronteras conocidas, por muy lejanas que estas sean; sin descartar, por supuesto, a líderes ambiciosos y egocéntricos, además de energúmenos de feria y a un puñado de gente del montón, que no saben siquiera hacia donde quedan los puntos cardinales.
Esa es la razón por la cual aún tenemos potencias armamentistas como Rusia, intentando hacerse con el territorio en Ucrania en un conflicto que lleva ya más de cuatro años y diferencias políticas que datan de hace más de treinta y cinco, concretamente desde la caída de la Unión Soviética, con su consiguiente cifra de víctimas fatales. O también está el caso de Israel atacando a Palestina por profundas diferencias religiosas que consumen ya cerca de ochenta años, ascendiendo a gran escala desde hace cuatro y, por supuesto, con su estadística resultante de muertos en combate o en la tranquilidad de sus hogares, según el tipo de ataque. Además de los peligros desatados por el poderío nuclear de Irán, que, debido a su jactancia, pretende arrastrar a la casi totalidad de la región, a un debate sobre el tema con Estados Unidos y la Unión Europea.
Todo lo anterior parece una novela, es decir, algo que en la vida real es imposible que esté sucediendo, pero, para infortunio nuestro, ¡sí está ocurriendo… y de qué manera!
Las personas que aspiran a vivir en paz el resto de sus vidas están preocupadas porque, de alguna manera, sus hijos, los jóvenes, son los que mueren en esos conflictos. Son los muchachos los que llenos de ilusiones, se dejan llevar por tales circunstancias y no se percatan de que los adultos mayores que pueden estarlos orientando, están situados a buen recaudo en la comodidad de sus respectivas oficinas.
Como dijera el as de la aviación alemana Erich Hartmannz, en un comentario que he empleado en diversas ocasiones para señalar lo irracional de los conflictos bélicos: "la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian, se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan".

