ENTRE COMILLAS
Por Ernesto Morales Alpizar
LOS CÓDIGOS
Hay una teoría en la que los expertos no se ponen de acuerdo. Se trata del cacareado Big Bang; un modelo del cosmos que intenta explicar como comenzó el universo hace millones de años. Baste saber que, tras el enfriamiento de la supuesta explosión, la materia y energía concentradas en él se expandieron dando origen al espacio y el tiempo, hasta que, otros millones de años después surgió la primera manifestación de vida. Hasta ahí hay un consenso general.
Más tarde, la naturaleza irrumpió en la escena y surgieron las dificultades propias del clima, los huracanes, tsunamis, y movimientos telúricos en las fallas sísmicas, temblores o terremotos y erupciones volcánicas. Es decir, la sacudida brusca y pasajera de la corteza terrestre, causada por la liberación súbita e imprevista de la energía acumulada en la Tierra, la cual es motivada por el choque, fricción o desplazamiento de las placas tectónicas, con lo cual hablamos de enormes fragmentos rocosos de la misma corteza.
Uno de los casos más conocidos e impactantes fue bautizado como “el último día de Pompeya”, cuando el estratovolcán Vesubio, situado frente a la bahía de Nápoles, Italia, hizo erupción el año 79 d.C., consumiendo la ciudad romana con ceniza volcánica y ríos de lava. Hubo sutiles señales de advertencia previas, pero, la catástrofe cambió para siempre la historia de la región. Pompeya contaba a la sazón entre 13 mil y 15 mil habitantes, según estimaciones de arqueólogos e historiadores, quienes calculan en unas 2 mil las muertes por la erupción del volcán, la mayoría asfixiadas por inhalar vapores y gases tóxicos, o como ahora en la Guaira y otras regiones de Venezuela, por el colapso de techos y viviendas.
Y por el aquello de no quedar mal con sus seguidores a lo largo de la historia, ante múltiples desastres naturales, las diversas sectas, credos y cultos del planeta (más de 4 mil), han atribuido los descalabros del entorno a la ira de sus respectivos dioses o entes emblemáticos. Así, la furia ocasionada por la poca asistencia de sus fieles practicantes a templos, mezquitas, sinagogas y otros lugares de reunión, les han servido de excusa a sus líderes para intentar sacar partido de las circunstancias, llamando a la invocación y reclamando asistencia a sus plegarias.
Pero la historia no se resume ahí. Nuestra generación ha sido testigo de calamidades ecológicas como el Tsunami de 2004 que asoló 14 países, e inundó las costas de casi todo el sur y sudeste de Asia, incluyendo partes de Indonesia, Malasia, Sri Lanka, India y Tailandia. Inicialmente se calcularon en unos 280 mil muertos, entre ellos decenas de miles de desaparecidos.
Por supuesto que podría seguir citando siniestros similares de la historia que han llenado de luto muchas comunidades en el planeta con cientos de miles de víctimas, y son precisamente estos imprevistos naturales los que han dado pie a los científicos y profesionales de diversas disciplinas para elaborar un sistema de códigos que nos permitan conocer con relativa anticipación lo que puede suceder en el futuro inmediato y de esa forma intentar protegernos en lo posible. Ignorar dichos códigos es encaminarnos a una tragedia segura.
El suelo venezolano, por donde se deslizan también bloques de tierra subterráneos conocidos como placas tectónicas, también dejó al descubierto las debilidades de numerosas construcciones. Según especialistas en la materia, muchos edificios construidos hace décadas no contaban con modernas normas antisísmicas atenidas a códigos, o presentaban anomalías en su estructura, además de que se hallaban en terrenos sensibles, lo que multiplicó la magnitud de la tragedia.
Mientras, de acuerdo con otros expertos, algunas construcciones se levantaron en áreas de importantes riesgos geológicos poco estudiados hasta ese momento, lo que ocasionó la mayor catástrofe ocurrida en el país en más de un siglo.
Debemos señalar también que se han producido cientos de réplicas, que son
provocadas por la inestabilidad en que queda la corteza terrestre después del temblor, la falla geológica necesita liberar la energía acumulada hasta lograr un equilibrio aceptable, lo cual mantiene a todos en la región en un estado de pánico por lo que pueda acontecer, toda vez que, según la NASA, el terremoto desplazó 60 centímetros la superficie terrestre.
Otro ejemplo reciente lo tenemos en Miami Beach, concretamente en Surfside, cuando el edificio Champlain Towers South colapsó en junio de 2021, con un saldo trágico de 98 personas fallecidas y 11 heridos. Según se supo después, el edificio pasaba por un proceso de inspección que tarda un año en completarse, luego de lo cual sería recertificado. La tragedia ocurrió tras 40 años de haber sido construido.
La importancia de seguir fiel a los Códigos de Construcción es de suma trascendencia ya que, en cualquier lugar, a cualquier hora, puede sobrevenir un desastre de incalculables proporciones. Los códigos son la clave de la seguridad en todos los ámbitos. ¿Qué cree usted que pasaría si las personas no respetaran el Código del Tránsito, el de Navegación o el de Líneas de Vuelo? Bien, pues lo mismo sucede con los Códigos de Construcción, y máxime si estos están sujetos a su vez a las irregularidades del terreno donde se efectúan. Por lo pronto, ya hay un experto apuntando que la reconstrucción de Venezuela costaría, nada más y nada menos que, 37 mil millones de dólares.
Mientras, tomemos por ejemplo el derrumbe del techo de la discoteca Jet Set en Santo Domingo, República Dominicana, toda una tragedia ocurrida el 8 de abril de 2025 que dejó un saldo de 236 fallecidos y más de 180 heridos. Las investigaciones judiciales han señalado que la estructura presentaba fallas previas, goteras y una relativa falta de mantenimiento, las cuales fueron ignoradas, según aducen algunos vinculados al episodio. Si estos detalles se ajustan a la realidad, debemos estar atentos en todo aquello que nos concierne al respecto.
Aun así, muchos opinan que “vivimos en un mundo de equilibrios y balances”; y yo preguntaría ¿dónde está el equilibrio o el balance en los recientes terremotos de Venezuela? ¿O es que acaso nuestro tránsito por la vida nos expone a las desdichas para alimentar tan absurda reflexión?
Esto de “equilibrios y balances” quizás podría ser tomado a la ligera, o con la seriedad con que se supone fue promulgada dicha reflexión. Pero, en cualquiera de los casos, la vida no parece admitir determinados tanteos tan absurdos, ni juicios estrepitosos que puedan dañar la estabilidad y la paz de la ciudadanía. Podemos engrosar las filas de los desinformados si nos despreocupamos más allá del sentido común o, por el contrario, podemos precaver con relativa certeza lo que podría ocurrir.
Y para que no se nos olvide, debemos recapacitar y concluir, por ejemplo, que en el momento en que escribo este artículo la cifra de muertos en Venezuela asciende a más de 5,400, además de 16,740 heridos, 6,462 rescatados, 17,907 personas sin hogar y 23,335 personas en campamentos. Todas estas cifras continúan subiendo a diario, además de una cifra espeluznante de tumbas anónimas debido a que muchos no han podido confirmar si sus familiares están desaparecidos o muertos.
¡Muy triste!

