"Entre Comillas"

por Ernesto Morales

LA OTRA PANDEMIA

En honor a la más estricta verdad, hay múltiples candidatos y aspirantes para recibir el galardón de ser «la otra pandemia», la nueva, la que está impactando a una enorme cantidad de personas. Pero ¿a qué tipo de acontecimientos le atribuiría usted ese título tan deprimente? Pues bien, tras varios días analizando los quebrantos de salud de las personas a nivel mundial, así como las noticias más transmitidas por los diferentes medios de información, además de la actitud que asumen algunos individuos respecto a sus semejantes, y a los hábitos y rutinas más inconsecuentes por parte de todos, llegué a formarme una idea general que me permitió hacer una lista -cuyo orden no obedece ni difiere en lo absoluto de lo que opino-, pero sí brinda una idea que los lectores pueden analizar. Así que les invito a leer con detenimiento cada uno de los párrafos que siguen.
¿Qué les parece comentar la epidemia de tiroteos, masacres y episodios repletos de víctimas entre muertos y heridos que se han producido en los últimos años y que, a todas luces, va en auge, un ascenso del que nos debiéramos sentir abochornados por estar sucediendo sin que podamos frenarlo? Tan solo en los primeros cinco meses de este año han muerto decenas de inocentes en circunstancias que cortan la respiración. Y se me ocurre preguntar: ¿por qué las personas con evidentes problemas mentales que han sido denunciadas por haber proferido amenazas en Internet y otras fuentes -escuelas, centros comerciales, iglesias y teatros- no son investigadas con mayor precisión, precaución y profundidad antes de permitirle el acceso a las armas de fuego? No quiero aludir que existan fallas de procedimiento entre las instituciones de seguridad, cuya gestión respeto; tal vez son demasiadas las pistas a seguir o quizás la experiencia demuestra que esta vía puede conducir a laberintos sin salida. Sin embargo, dicha conclusión no debe estar en pugna con la idea de que «algo debe hacerse» con extrema urgencia. Con estos episodios cada vez más frecuentes, la Segunda Enmienda quizás vaya perdiendo paulatinamente su razón de ser.
Otra candidata para enarbolar el banderín de «la otra pandemia» puede ser la violencia doméstica: ¿ha notado usted la cantidad de noticias relacionadas con este tema que inundan los medios de prensa y que, lamentablemente, dejan un saldo desolador en el seno de la sociedad? ¿Cuántas parejas han sufrido en silencio el abuso de sus cónyuges para, finalmente, ser víctimas de la tragedia? Y es triste señalar que la mayoría de las personas que acometen esta actitud son hombres. Las mujeres actúan casi siempre a la defensiva para, al final, llenar las estadísticas de maltrato y abuso en el hogar. ¡Muy triste!
El abuso infantil es otro gran candidato para llevarse el título de «la otra pandemia». ¿Se ha fijado acaso en la enorme cantidad de episodios vinculados con este espinoso conflicto entre adultos y niños, púberes y adolescentes? Familiares cercanos, sacerdotes, maestros, amigos, vecinos, y muchos otros que se aprovechan de la inexperiencia y la inocencia de los pequeños de ambos sexos para violarlos o tocarlos indebidamente y silenciarlos con amenazas y otros procedimientos para evitar ser denunciados y poder así continuar con sus actos impúdicos. Desde mi óptica, se trata de una mancha en el expediente de la sociedad contemporánea que aún haya adultos tan desvergonzados que se ceben en las más ingenuas criaturas. Las leyes deben estrechar el cerco a estos abusadores para evitar que se sigan produciendo estos actos capaces de asquear a un cerdo. 
Un asunto que llena titulares a todas horas es la discriminación sin orden ni concierto. Tanto a nivel de razas, como en cuestiones de género y orientación sexual, conflictos por el idioma que hablan ciertos grupos -emigrantes, latinos, caribeños, asiáticos y otros-, las preferencias laborales de unos sobre otros, -profesionales versus aprendices- e incluso, los salarios que ganan los hombres por encima de las mujeres que detentan el mismo trabajo y desarrollan las mismas actividades. ¿Se ha detenido a examinar los componentes que salen a la superficie cuando se habla de las diferencias entre unos y otros? Muchas veces estas desigualdades se dan tras las bambalinas del trillado: «dime a quién conoces y te diré lo que ganas».
Y en medio de esta sarta de conflictos tenemos la oportunidad dorada para los vándalos. Este tipo de delincuente se escuda detrás de los reclamos de muchos grupos genuinos que consideran que sus derechos están siendo esquilmados de alguna manera y que, al protestar, brindan involuntariamente el enmascaramiento y la excusa perfecta para que los bárbaros hagan de las suyas a sus espaldas, al inmiscuirse en la legitimidad de dichos colectivos y aprovechando la circunstancia para vandalizar a diestra y siniestra, poniendo en tela de juicio las más auténticas y justas demandas. 
En sintonía con la opinión de muchos, una candidata indiscutible a constituirse en «la otra pandemia» es la que se produce en las fronteras de Estados Unidos con la entrada incesante de emigrantes de casi todos los rincones de Centroamérica, Suramérica y el Caribe. Una tendencia actual que también aprovechan los maleantes y terroristas para penetrar en el territorio continental con el propósito encubierto de delinquir en la primera oportunidad.
Sin embargo, debemos coincidir en que donde imperan la falta de los más elementales derechos que otorga la libertad, donde hay tiranía y hambre, donde la corrupción capea por su respeto y las personas se ven prácticamente obligadas a subsistir bajo la terrible amenaza de perder la vida en sus respectivos terruños, los padres de familia deben poner a salvo a sus hijos, ancianos y mujeres, aventurándose a emigrar hacia donde -de acuerdo a la información con que cuentan, ligada en muchas ocasiones a la publicidad más seductora- entienden que no tendrán peligro y donde, con el tiempo, si se ajustan adecuadamente a las características del sistema y  los acompaña la buena suerte, podrían llegar a ser felices.
En realidad, la culpa no es de ellos; nadie en su sano juicio abandonaría el lugar donde nació, donde reside su familia, donde guarda sus más preciados recuerdos. La culpa es de las circunstancias que los han catapultado a emigrar, en muchas casos porque sus respectivos gobiernos no han hecho nada o han hecho muy poco por crear condiciones que permitan a sus ciudadanos trabajar decentemente para ganarse el sustento de sus familias, construir escuelas para que sus hijos puedan estudiar e instituir un medioambiente favorable donde se respire libertad y democracia. 
¿A cuál de estos extraordinarios problemas conferiría usted el título de «la otra pandemia»?