Política

por Luis Miranda

El talón de Aquiles del sistema
democrático en Estados Unidos 

Una vez se sepan los resultados de las elecciones de medio término, la justicia probablemente se verá obligada a tomar decisiones de mayor efecto en cuanto a las numerosas investigaciones que afectan a Donald Trump.
El debate sobre el daño hecho a la democracia en los 4 años del gobierno Trump continuarán por décadas y clarificarán los aspectos que más requieren atención para prevenir que un acontecimiento como el del 6 de enero pueda repetirse poniendo en peligro la vigencia misma de la democracia. 
Analistas políticos y varios periodistas y columnistas, hablan sobre la necesidad de hacer que la justicia tome medidas que hagan pagar al señor Trump por sus crímenes. En todas las instancias, a todos los niveles se afirma que “nadie está por encima de la ley”, pero las investigaciones y acusaciones terminan siendo simplemente intentos fallidos que afectan siempre a terceros. 
Nunca pasa nada directamente al verdadero responsable de acciones tan descabelladas como la de llevar a su casa particular cientos de folios “clasificados” de un gobierno y después afirmar, que un presidente puede cambiar la condición de secreto de cualquier documento solo con el pensamiento. 
Poniendo como ejemplo uno solo de esos informes, con los nombres de agentes federales que realizan tareas de inteligencia en algún país donde se planean actos terroristas contra intereses de Estados Unidos, se evidencia la gravedad de estas declaraciones. 
Ningún documento puede perder la condición de alto secreto por el capricho de alguien, incluido un expresidente. 
Claramente, una clase de acción como esta, pondría en riesgo la vida de esos agentes de inmediato y acabaría con la infraestructura creada para fines semejantes, dañando de manera irreparable un proceso que ha costado gran esfuerzo. 
Es absurdo, infantil y demencial afirmar que puede ser desclasificado un documento de la nación, por capricho de algún desfasado mental. 
La inteligencia permite mantener la seguridad nacional no solo reflejada en la vida de agentes federales, de politicos y funcionarios del gobierno; sino de todos los ciudadanos estadounidenses como para que caiga en manos de cualquier paisano sin importar el cargo que haya ocupado, ni en las,circunstancias que lo haya ejercido.
Cada día, aparece más evidencia que prueba el papel criminal de Trump en la insurrección que se planeó para intentar robarse la elección ganada limpiamente por Joe Biden. 
En Nueva York salen a la luz los manejos fraudulentos de Trump para estafar bancos y defraudar a la oficina que maneja los impuestos en los Estados unidos.
Cualquier otro ciudadano estadounidense que cometa un crimen similar estaría ya tras las rejas. 
Entonces, nos preguntamos, ¿qué pasa con la justicia en EEUU cuando se trata de gente como Trump y su familia?
Mientras cientos de miles de familias de clase media luchan honestamente para realizar sus sueños de comprar una casa y tener un trabajo honrado y no dudan a la hora de presentar y pagar sus impuestos debidamente, dando ejemplo a su familia y cumpliendo con la sociedad,
¿cómo es posible que Trump y sus hijos actúen en contubernio para defraudar y delinquir y sigan incólumes mientras, que él, como si nada debiera, continúa haciendo “rallies” y manifestaciones públicas en las que sigue con sus absurdas afirmaciones acerca del triunfo del presidente Joe Biden?
¿Cómo es posible que existan congresistas, políticos y miembros del partido republicano que aún lo apoyen y defiendan sus mentiras y sus falsas teorías conspirativas?  
La única manera de cortar y frenar el alcance de estas maniobras del expresidente, de MAGA y sus seguidores tratando de destruir la democracia y la credibilidad del sistema de justicia y de los principios sobre los cuales se fundó y se estableció el modelo de democracia; es entendiendo la gravedad y castigando estos intentos por acabar con los Estados Unidos, la gran nación que ha liderado al mundo, paradigma de grandeza y poder.
Todos los ciudadanos estadounidense, todos los que amen este país de oportunidades y liderazgo deben entender el peligro inminente de estos intentos que han sido denunciados abiertamente por gente de conciencia y por el mismo presidente Joe Biden. 
La única opción posible para votantes independientes e indecisos es seleccionar a los demócratas este próximo 8 de noviembre y cambiar a quienes se oponen al progreso y al ejercicio de la mayoría de los derechos.
El  congreso debe ser demócrata para que las leyes protejan a los más débiles y se consoliden los logros de los derechos civiles que tanto esfuerzo y lucha han costado a través de los años. No se debe permitir que los echen atrás.
Es necesario demostrar de manera contundente a los confundidos y malintencionados republicanos que no se puede permitir que destruyan este país. 
Ni la Cámara de Representantes ni el Senado pueden quedar en manos de los republicanos pues su propósito es perseguir a los inmigrantes, negar los derechos sobre la salud femenina, quitar los derechos a la comunidad LGBT acabando el matrimonio igualitario; destruir el Social Security y el Medicare entre otros derechos.
Con una Corte Suprema de Justicia, en manos de activistas republicanos al servicio de teorías conspirativas e ideologías extremistas, basadas en creencias religiosas difusas e ignorancia total de la ciencia, el panorama futuro para los inmigrantes, los latinos, los negros y las minorías en general son inciertas.
Quieren retornar al esclavismo, a la falta de oportunidades, al racismo y al corte de las libertades fundamentales. 
El impulso reformador de Joe Biden, debe ser entendido como la única respuesta posible para enfrentar los grandes retos y desafíos del mundo actual.
El cambio climático requiere soluciones a corto plazo; la necesidad del desarrollo de energías renovables y limpias. 
Se necesita poner fin al racismo, se debe reconocer la diversidad y los derechos humanos de las minorías latinas, asiáticas y negras. 
Reivindicar todo aquello que perdió vigor durante los años del anterior presidente es una obligación y la manera de contribuir, es cambiando a quienes se oponen en el congreso.
Se debe poner fin a la xenofobia, el racismo y la intolerancia.
La justicia debe seguir su curso normal y cumplir con los  preceptos para los que fue creada, de no ser así sufrirá un grave golpe. 
Es necesario demostrar que la justicia es ecuánime que actúa con imparcialidad y para eso debe poner a Donald Trump en su lugar.  
De no ser así crecerá el malestar y polarización que ha agravado  la pandemia del Covid 19 cuyos remanentes siguen vigentes.
Los grandes logros del presidente Joe Biden, que consisten en haber disminuido la tasa de desempleo, haber apoyado decididamente al gobierno de Ucrania frente a la agresión de Putin, que les ha permitido frenar la locura de la invasion rusa sin comprometer directamente vidas estadounidenses, han modificado la sensación de conducta errónea de los Estados Unidos frente al mundo en el gobierno anterior cuando Trump hizo del país el hazmerreír universal.
El manejo acertado de Biden frente a la pandemia del Covid 19, la ley de infraestructura que promoverá el fortalecimiento de la economía del país y su defensa de las minorías. El respeto a los derechos humanos y la lucha contra la inflación, causada por el reordenamiento mundial luego de la invasión de Putin y el reordenamiento de la globalización y nuevo acomodamiento del comercio internacional han demostrado una vez mas que se respira un aire totalmente diferente en el país. 
El hecho de saber que Joe Biden es el presidente, hace que se respire democracia y progreso nuevamente. 
La tan cacareada inflación ha sido manejada con muy apropiadas decisiones, pero los desafíos de la rama judicial subsisten, si no se resuelven apropiadamente, se convertirán en el talón de Aquiles de los demócratas si no ganan las elecciones del próximo noviembre. 
La única garantía de lograr una mejor justicia en todos los campos depende de nuestro voto. 
Votar por los candidatos demócratas es salvar el desastre climatológico mundial. Salvar el Social Security y el Medicare, pero sobre todo es:
SALVAR LA DEMOCRACIA.