Política

por Luis Miranda

Con el veredicto de culpabilidad a Chauvin se inicia un nuevo camino a la justicia

Estamos sometidos a la respuesta violenta de la Segunda Enmienda de la Constitución, que a diario produce una nueva masacre. 
Hace un tiempo fue en una escuela primaria donde la mayoría de víctimas fueron menores de edad, otro día en El Paso Texas; poco después, en Dayton Ohio en un recuento macabro de nunca acabar.
Cientos de víctimas a lo largo y ancho del país, sin tregua ni compasión afectan a la comunidad que no alcanza a reaccionar del impacto de una, cuando sucede la siguiente. 
En nuestro vecindario surfloridano, aún suenan las voces y el llanto de las familias de la masacre en la secundaria Marjorie Stoneman Douglas de Parkland.
Decenas de víctimas paralelas que incluyen huérfanos, viudas, padres y miembros de las comunidades afectadas por el terror doméstico, que nunca van a recuperarse de los trágicos ataques aunque la prensa ya no los mencione. 
Hechos como el de Las Vegas, Orlando, otros en el centro, norte y sur del país, en las costas, mantienen atemorizada a la población que ya no sabe hacia dónde mirar.
Pasadas dos décadas del S. XXI, se supone que vivimos en un país poderoso donde se creería que las academias y departamentos de policía, son organizaciones estructuradas profesionalmente con los más altos niveles de comunicación y tecnología; cuyos miembros tienen la preparación suficiente para mantener de manera civilizada y cordial la armonía de nuestras ciudades y pueblos a través del país, no obstante, los hechos nos ponen a dudar de esa capacidad y equilibrio. 
Se había demostrado que nadie puede establecerse por cuenta propia como una milicia, y armarse para desafiar el orden social y político del país en Waco, Texas cuando una secta armada quiso desafiar las instituciones y funcionar por encima de la ley y fue arrasada, a sangre y fuego sin ningún miramiento. 
Los Estados Unidos tienen unas fuerzas policiales profesionales y modernas, una Guardia Nacional, un ejército conformado por Fuerzas Navales, Fuerza Aérea y las tropas terrestres, todos entrenados y completamente armados para enfrentar lo inesperado. 
Por tanto es totalmente absurdo e infantil el hecho de pensar que los ciudadanos en general deban estar armados, dizque para evitar una dictadura. 
Esa idea tenía sentido hace doscientos años cuando no existían los sofisticados sistemas policiales y militares con los que cuenta, hoy por hoy, el mundo moderno. 
La idea de seguir defendiendo la segunda enmienda de la constitución como la panacea de la libertad, es una aberración mental, ilógica que no tiene fundamentos racionales válidos.
La razón de mantener esta agenda, permitiendo a los ciudadanos comunes el libre acceso a las armas, no tiene que ver con las garantías de defender la democracia sino todo lo contrario, de destruirla y responde a la desmedida ambición de los fabricantes y vendedores de armas que quieren continuar incrementando sus ganancias sin preocuparse en absoluto del efecto devastador de este mercado cuyo fin último es el de MATAR a otros seres humanos.
Esto lo saben los legisladores de ambos partidos, pero los republicanos, patrocinados por estas entidades que invierten millones en ellos, tienen -naturalmente- sólidos intereses en la industria de armas y su tarea es impedir que se pueda establecer una legislación seria y efectiva que saque de circulación 400 millones de armas de manos de civiles, que recurren a ellas a las primeras de cambio: una decepción amorosa, un conflicto familiar o laboral, o una idea obsesiva producto de alguna de esas teorías conspirativas de moda. Incluso en situaciones inesperadas como una diferencia de opinión por un lugar del aparcadero o por una situación circunstancial en el tráfico diario en la carretera.
La impulsiva, irreflexiva y estúpida reacción de cualquiera, es usar su arma 'de combate' para desahogarse. ESTO NO PUEDE CONTINUAR. Las masacres y muertes absurdas de hombres, mujeres y niños debe ser el principal objetivo de los legisladores y las autoridades del país. 
El presidente Joe Biden le ha pedido al congreso que regule definitivamente el porte de armas, pero la Asociación Nacional del Rifle, influye por todos los medios para sabotear cualquier iniciativa que pueda afectar sus ganancias.
La violencia desatada en los últimos años y especialmente durante los últimos meses es consecuencia de las equivocadas políticas del anterior gobierno, de su retórica de odio y polarización. 
En los últimos años, muchos republicanos han contribuido a la xenofobia haciendo un retrato aborrecible de los hispanos.
El país recuerda claramente las palabras iniciales que desataron la última oleada de odio y discriminación que aún no cesa:
"Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente que trae drogas, crimen y son violadores”.
Lo que sucede ahora, se debe a esa retórica antiinmigrante y a las absurdas teorías conspirativas, repetidas durante cuatro años que alebrestaron el sentido violento de fanáticos obsesivos inspirados por él, los mismos que se tomaron el Capitolio el 6 de enero de este año. 
Referirse a algunos latinos como “animales” y comparar la migración desde el sur de Estados Unidos con una invasión, es un lenguaje violento que incita al rechazo. Cada palabra de odio pronunciada contra las minorías, es una incitación directa a la violencia y despierta los bajos instintos de quienes creen que verdaderamente están tratando de salvar el país de tales invasores. 
Esas ideas malsanas y falsas sobre la verdadera naturaleza de la inmigración, confunden y hacen olvidar que este país ha sido construido gracias a inmigrantes de todo el mundo en todas las épocas.
Esa retórica ha despertado a los terroristas locales y supremacistas blancos. El manifiesto de un asesino, publicado poco antes de atacar un Walmart y asesinar a muchos inocentes, es una copia exacta del lenguaje usado desde la anterior presidencia. 
"Este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas”, se dijo, demostrando que la posición del expresidente y de un poderoso grupo de líderes del Partido Republicano han promovido mucha violencia.
Algunos, muy pocos de estos líderes, a pesar de calificar ese discurso como “intolerante, ofensivo y antiestadounidense”, no han cambiado su postura personal, para mostrar coherencia política, descalificando al promotor del odio. Con su silencio prolongado son cómplices de esta política que se supone no comparten.
Esta retórica ha influenciado también el comportamiento de muchos  individuos en las fuerzas policiales en todo el país, haciéndolos sentir autorizados para abusar de su poder como oficiales y cometer crímenes, peores de los que deben combatir. 
El asesinato de Floyd es muestra de la degradación del criterio de justicia.
Hombres y mujeres negros o latinos han sido asesinados por oficiales como Chauvin, quienes a pesar de sus antecedentes de abuso, han continuado como oficiales de policía convencidos de que sus sindicatos y abogados nunca los dejarán responsabilizar por sus crímenes y en un 99% de los casos son absueltos en la Cortes.
Lo que tanto se había temido que pasara está sucediendo, un sinnúmero de masacres, resultado de la combinación de la retórica republicana en cabeza de su anterior líder y sus áulicos; las teorías conspirativas de QAnon y la falta de un sistema de justicia que responsabilice a los oficiales de policía por sus abusos. 
No podemos guardar silencio ante la normalización de tanta equivocación que le ha costado la vida a muchos, como aquel joven detenido por tener expirado el registro de su auto, a otro muchacho conductor de UPS, secuestrado por unos ladrones de medio pelo, a quienes también asesinaron lo mismo que a un par de inocentes transeúntes que tuvieron la desgracia de circular en su vehículo por allí. A un niño de trece años que frente a las cámaras tiene los brazos en alto como le ordena la policía, sin portar ningún arma. Igualmente, una mujer trastornada que tenía orden de evacuar su apartamento y se negaba, fue ejecutada en un montado operativo de guerra, cuando lo que necesitaba era un psicólogo o psiquiatra que la auxiliara en su delirio. 
Muy triste presenciar la estupidez e indolencia de estas fuerzas policiales que no tienen medida. 
Estamos viviendo un regreso a los tiempos del Viejo Oeste donde todo se resolvía a bala. Aterrados por la estúpida ley floridana de matar a cualquiera solamente alegando temor por nuestras vidas.
Para regresar seguros a la apertura de las escuelas, además de tapabocas y distancia social, estamos necesitando puertas y ventanas blindadas y chalecos antibala para los estudiantes.
Transitar por la I-95, además de los riesgos propios del tránsito de vehículos a alta velocidad,  nos aboca a un peligro mayor, las armas que lleve el conductor de otro vehículo porque si por alguna razón lo disgusta algún pequeño incidente, comienza a disparar sin ninguna consideración, matando indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños. 
Las noticias diarias sobre tiroteos en Miami, balas perdidas, padres que matan a la esposa e hijos y viceversa, hijos que matan a padres y hermanos y luego se suicidan, y jovencitos armados que tirotean las casas de familias mientras estas duermen; indican que estamos viviendo en una sociedad enferma, que debe ser diagnosticada y tratada antes de que no haya punto de regreso.
La única esperanza es que los demócratas tengan la fuerza de voluntad y la decisión indeclinable de poner en cintura a los promotores de la violencia y cambien las leyes que protegen el libre comercio de armas y las equivocadas políticas sobre inmigración, rompiendo todas las normas inconstitucionales que quiso imponer la administración anterior.
La presidencia de Joe Biden representa un cambio fundamental y es la esperanza no solo de Estados Unidos sino de todo el mundo para ver cambios reales que rescaten los valores humanos y nos permitan vivir solidariamente respetando la diversidad social y cultural que conforma esta gran nación.
La condena del expolicía Derek Chauvin que acabó con la vida de George Floyd en un acto repudiable grabado y transmitido alrededor del mundo, representa un primer paso de justicia hacia la concientización del gremio policial que ahora lo pensará dos veces antes de cometer un abuso, porque la lista de muertos es larga y no se puede distraer la atención ni olvidar hechos que hieren y afectan a la sociedad entera.
Se ha demostrado con este caso que nadie puede pretender estar por encima de la ley y seguir ejecutando personas impunemente como se había venido haciendo.
Después de este veredicto, se puede afirmar que se le dio valor a la vida de George Floyd y se le debe dar ese mismo valor a la vida de todos los que la han perdido a manos de oficiales irresponsables.
Con este paso se inicia un camino en la enorme tarea de lucha por la justicia y se esperan fallos semejantes en todos los casos de abuso brutal.