POLÍTICA
Por Luis Miranda
Reflexiones sobre el filósofo y pensador Umberto Eco.
La información sin criterios y la civilización de los imbéciles.
Umberto Eco advirtió de manera constante que el verdadero peligro de la cultura moderna no es la ignorancia en sí misma, sino la ilusión de conocimiento producida por un exceso de información no filtrada. Para Eco, las teorías conspirativas prosperan no porque las personas carezcan de acceso a los hechos, sino porque carecen de criterios interpretativos: las herramientas intelectuales necesarias para distinguir el sentido del ruido.
Umberto Eco diagnostica la patología de la interpretación, en obras como El péndulo de Foucault y muestra cómo las teorías conspirativas surgen de lo que él denominó sobreinterpretación, que es la tendencia compulsiva a conectar hechos no relacionados dentro de un diseño grandioso y oculto.
Los creadores de teorías conspirativas parten de ciertos supuestos: nada es accidental, todo está conectado y las apariencias ocultan verdades secretas.
Eco no vio en esto una forma de pensamiento crítico, sino su parodia. La interpretación auténtica requiere límites; el pensamiento conspirativo, en cambio, los elimina por completo.
Sobrecarga informativa y colapso semiótico;
Eco sostuvo que internet produce una crisis semiótica: un diluvio abrumador de signos sin jerarquías de credibilidad. Cuando todas las fuentes parecen equivalentes —revistas científicas, blogs, memes, rumores— la autoridad se disuelve y el sentido se vuelve arbitrario.
En este entorno:
La cantidad sustituye a la calidad, la repetición reemplaza a la verificación, la resonancia emocional sustituye a la evidencia y el resultado no es esclarecimiento, sino confusión disfrazada de comprensión.
Así se produce, 'el culto al imbécil'.
Una de las afirmaciones más citadas de Eco se refiere al poder, por parte de las redes sociales, de lo que él provocativamente llamó imbéciles. Su observación no pretendía expresar un desprecio elitista, sino formular una crítica estructural: las plataformas digitales borran la distinción entre el discurso informado y la opinión ignorante.
Antes —señalaba Eco— la ignorancia tenía límites sociales.
Hoy cualquiera puede hablarle a todo el mundo, la visibilidad se confunde con legitimidad, la popularidad se identifica con la verdad.
El ahora llamado influencer a quien una gran mayoría tiene acceso, que carece de conocimiento, pero domina el espectáculo y resulta más persuasivo que el experto que respeta la complejidad.
La conspiración como ilusión democrática:
Eco no rechazaba la democracia, pero temía su degeneración en un relativismo epistemológico: la idea de que todas las opiniones son igualmente válidas, independientemente de la evidencia.
Las teorías conspirativas prosperan en este espacio porque ofrecen explicaciones simples para realidades complejas; certeza emocional en lugar de ambigüedad y una sensación de superioridad –yo sé lo que otros no saben– de este modo, el pensamiento conspirativo se vuelve psicológicamente gratificante y socialmente contagioso. Esto conduce a la pérdida de la educación y el análisis crítico.
En el núcleo de la crítica de Eco se encuentra la erosión de la educación humanística: la formación en lógica, retórica, historia y semiótica. Sin estas herramientas, los individuos no pueden evaluar fuentes, detectar falacias ni reconocer la manipulación.
Para Eco, el antídoto no era la censura, sino la alfabetización crítica: aprender a leer, interpretar y dudar de manera responsable.
En conclusión Umberto Eco entendía las teorías conspirativas y lo que hoy son los influencers ignorantes; no como anomalías, sino como síntomas de una condición cultural: un mundo saturado de información pero privado de juicio crítico.
Cuando los criterios desaparecen, el sentido implosiona. El problema no es que la gente sepa muy poco, sino que cree demasiado sin comprender el porqué.
Una cosa es un individuo corriente consultando en Google sobre algún tema específico de medicina, ingeniería, medio ambiente; y otra, muy diferente es hacerlo como médico, investigador, ingeniero o profesional con años de estudio. No podemos remplazar un científico con décadas de estudios e investigación por un charlatán que consulta dos minutos en la red.
Los llamados influencers sin educación se benefician del mercado de la ignorancia y contribuyen a elegir políticos tramposos y desastrosos.
Un ejemplo claro de las reflexiones de este profundo pensador, podemos observarlas en miembros del gabinete del otrora país más poderoso del mundo que gastó doscientos cincuenta años para construir un modelo de democracia, atacada ahora por una brutal ola de ignorancia difícilmente imaginada.
Públicamente altos funcionarios gubernamentales ignoran el significado de la garantía constitucional del recurso llamado Habeas Corpus que tutela la libertad personal, desconociendo por ende que es un derecho fundamental de la democracia.
Han desmantelado las regulaciones que protegen el medio ambiente y han puesto en peligro a toda la humanidad porque no creen en el calentamiento del planeta por la emisión de gases, así como tampoco creen en las vacunas que son el resultado de muchos años de investigación científica, o sea; no creen en la ciencia.
La ignorancia en el poder está convirtiendo la gran civilización occidental en la civilización de los imbéciles.







