Política

por Luis Miranda

No a la impunidad de los sediciosos e insurrectos

Asombra la incapacidad mental de aquellos que siguen ciegamente a un personaje mentiroso, calculador, narcisista, tramposo y altamente peligroso, como el que a regañadientes, acaba de abandonar La Casa Blanca, pero en su defensa, podría decirse que a ellos los justifica la ignorancia y el enorme vacío de sus cerebros, que fácilmente aceptan cualquier cosa para ocuparlos. No sucede lo mismo con los congresistas, que a sabiendas y malintencionadamente, contribuyeron a situaciones como la vivida el pasado seis de enero cuando debían ratificar los votos del Colegio electoral, para cumplir con una formalidad de la elección presidencial, ganada en una limpia elección, como lo corroboraron todas las cortes, a donde llegaron las más absurdas demandas, que sin ninguna prueba, intentaban dar un golpe brutal a las instituciones. Y lo dieron, en contubernio con el personaje que en ese momento regía los destinos de un país que siempre se preció de su democracia; protagonizando el más grotesco espectáculo que haya registrado la historia de los Estados Unidos.
Llegaron dispuestos a todo; a destruir, a juzgar, y a matar, construyeron una horca y al grito de traidor, pretendían colgar, no solo al vicepresidente que no pudo seguir la farsa absurda del robo electoral, sino a Nancy Pelosi y a todos aquellos demócratas que encontraran a su paso brutal de primitivos invasores.
Todo había sido planeado con anticipación, recurrieron a toda clase de artilugios para desprestigiar al candidato demócrata, pero nada les funcionó, al contrario, cimentó el camino de ochenta y uno punto dos millones de votantes, que no estaban dispuestos a vivir otros cuatro años de incertidumbre y sinrazón.
Las absurdas teorías conspirativas de la organización QAnon. 
Los pseudo periodistas de FOX, Rush Limbaugh, Sean Hannity, Tucker Carlson, Laura Ingraham; sumados a un sinúmero de locutores y presentadores de emisoras de radio en español, que han mantenido su audiencia en los medios de comunicación que manejan, difundiendo las mentiras de la administración anterior y las extravagancias del hombre más inestable mentalmente que haya ocupado el primer cargo de la nación, aquel que tomó la presidencia como una oficina de su propiedad, gobernando a través de redes sociales y usando repetidamente las pocas palabras que aprendió en los últimos años: socialismo, comunismo, cacería de brujas y noticias falsas; con las que atacó y persiguió a todo aquel que no se ciñera a sus absurdos propósitos. 
Recibió al oído Mr. Trump, consejos de sus torpes asesores y de congresistas claramente tendenciosos como Marco Rubio, que baila al son que le toquen y aquel otro, Ted Cruz que solo merece la destitución por su abierta participación e incitación a la toma del Capitolio y a los desmanes que junto al presidente, cada cual, desde sus tribunas y por específicas órdenes suyas, consiguieron mostrarle al mundo, lo que sotto voce murmuraban desde su ascenso al poder; que los Estados Unidos se hallaban en poder de un hombre que había perdido la razón y, por fortuna, las elecciones.
Durante los ultimos 5 años los congresistas republicanos, con muy pocas excepciones, hacen parte de una gran conspiración contra la democracia, interesados en sus propias agendas, ninguno en el país.
Todos estos personajes se encargaron de propagar los abusos de poder y las arbitrariedades de su jefe como si de una mafia se tratara.
Luego del asalto al capitolio el pasado 6 de enero del 2021, resultado de dicha campaña sostenida por años, gracias a este sector de grupos de presión, que no tienen una visión racional sobre los graves problemas del país y las sociedades actuales, sino otra, basada en falsas teorías conspirativas, en odio racial, xenofobia y supremacismo, que son, simple y llanamente, un compendio de sentimientos irracionales sin ningún fundamento en el campo de la ciencia o las humanidades.
No son argumentos que correspondan a realidades objetivas sobre las necesidades sentidas de los ciudadanos estadounidenses del siglo XXI o sobre las exigencias de un mundo globalizado y de  un planeta en peligro, por el abuso de las industrias humanas, ni tampoco el interés por la salud de la sociedad en su conjunto o por los desafíos de la educación; ni sobre la ética y la moral en el ejercicio del periodismo o el poder y el manejo de los medios de comunicación. 
No. Para la mayoría de congresistas republicanos, el único interés es mantener la masa informe de sus electores que creen lo que les digan, para que los reelijan y engrosar las ganancias de los grandes inversionistas que los apoyan económicamente en sus campañas políticas. La mayoría de estos legisladores, son millonarios que viven en un mundo de privilegios que les impide entender las necesidades básicas de la mayoría de ciudadanos, que tienen que subsistir con empleos, la mayoría de las veces mal remunerados, obligándolos a inmensos esfuerzos y épicas jornadas de dificultad para sobrevivir en medio de una sociedad patológicamente competitiva e individualista.
No se puede permitir que la larga campaña de mentiras y falsas teorías de Trump y sus seguidores, en los pasados años; sumada a la incitación permanente, a través de los medios de comunicacion a su servicio y el de sus intereses, para permanecer en el poder de una manera dictatorial, desafiando la democracia; queden en la impunidad. 
Nadie puede estar por encima de la ley y mucho menos si atenta de manera tan descarada, promoviendo la destruccion de las instituciones, sembrando la anarquía y la violencia, que es lo que ha hecho el señor Trump y un grupo de legisladores sediciosos como Ted Cruz, quienes deben ser enjuiciados y castigados con todo el peso de la ley.
El ataque al Capitolio el miércoles 6 de enero no fue una protesta pacífica y espontánea. No. Fue precisamente todo lo contrario, el producto de un esfuerzo coordinado y continuado durante años, para sembrar en el inconsciente colectivo de las bases que los apoyan, sentimientos aplacados gracias a las luchas civiles del siglo pasado y resucitados con una arenga de odio, o de un plumazo, con la única función presidencial que aprendió a cabalidad; dictar órdenes ejecutivas para emborronarlas con su estrambótica firma, hecho que lo hacía sentir dueño y señor de la comarca.
Fue la culminación de una campaña emprendida por el presidente de Estados Unidos y sus aliados en el Congreso y los amañados medios de comunicación, interesados en revertir los resultados de unas elecciones desarrolladas libre y nítidamente.
Esa campaña implicó un aluvión de mentiras sobre la integridad del proceso de votación, de parte del señor Trump, que no quería abandonar el cargo, al precio que fuera. Pidiendo inventar votos que lo favorecieran y amenazando con destituir a quienes no lograran su triunfo en cada estado, como lo hizo en la Florida con Ron de Santis y con otros de sus áulicos. 
El ambiente de malestar que creó, incluyó desafíos legales ridículos que produjeron risa, pero también sembraron dudas en algunas frágiles mentes de republicanos, acerca del resultado que dio la victoria a Joe Biden. 
Trump y sus aliados presionaron directamente a funcionarios electorales estatales para que cambiaran el conteo de votos a su favor.
Cuando todo fracasó, porque la realidad no dejaba duda, el presidente planeó y orquestó paso a paso la manifestación en el National Mall y envió a la multitud envenenada, a marchar hacia el Capitolio, para evitar que el Congreso declarara al Sr. Biden como el ganador de la presidencia. Misteriosamente, minutos antes de la toma, el Pentágono, desautorizó a las fuerzas policiales para actuar en defensa del recinto. 
Estaba claro que Biden era el vencedor, y fue después de semanas de intentos fallidos, de pedidos hechos pública y privadamente para que los estados cambiaran sus totales en los votos, y le entregaran un segundo mandato, cuando el presidente alentó a sus partidarios a reunirse en Washington el 6 de enero:
¡"Esté allí, será salvaje!”, Tuiteó. Decenas de miles, de todo el país, respondieron a su llamada.
Trump subió al estrado y pronunció un discurso incendiario algo jamás hecho por un presidente. Afirmando descaradamente y sin ninguna prueba su teoría del fraude electoral, sus gritos de:
"No lo soportaremos más", incitaban a la multitud, "Vamos a detener el robo".
“Los Estados quieren volver a votar. Los Estados fueron defraudados. Se les dio información falsa. Ahora quieren recertificar ”, dijo Trump entre vítores. “¿Me quieren de vuelta? Todo lo que el vicepresidente Pence tiene que hacer, es enviarlo de regreso a los estados para recertificar y, me convertirán de nuevo en presidente ”
"¡Lucha por Trump!" gritó la multitud.
Trump dijo que acababa de hablar con el vicepresidente, que en ese momento, debía supervisar el recuento formal de los votos electorales. “Le dije: 'Mike, eso no requiere coraje. Lo que necesita coraje, es no hacer nada, eso requiere coraje y luego  quedaremos atrapados con un presidente que perdió las elecciones por mucho, y tendremos que vivir con eso durante cuatro años más. Simplemente no vamos a permitir que eso suceda ".
"Vamos a caminar hacia allá -señalando al Capitolio-, y yo estaré allí con ustedes, dijo Trump, "al Capitolio, vamos para animar a nuestros valientes senadores y congresistas y mujeres, y probablemente, no vamos a animar tanto a algunos de ellos ". Continuó: “Porque nunca recuperaremos nuestro país con debilidad. ¡Tienes que mostrar fuerza y tienes que ser fuerte!
¡Hemos venido a exigir que el Congreso haga lo correcto y solo cuente a los electores que han sido elegidos legalmente... elegidos legalmente ”!
"Nosotros pelearemos. Lucharemos endemoniadamente", dijo el presidente. "¡Si no luchas endemoniadamente, ya no vas a tener un país!"
Con eso, la multitud marchó enceguecida de odio, convencidos de que les habian robado la elección y acompañados de algunos congresistas republicanos leales a Trump. 
Como una tromba, irrumpieron en el Capitolio, dispuestos a colgar al vicepresidente Pence, porque se sentian traicionados por el falso argumento de que Pence podría cambiar el curso del proceso democrático y volver a realizar unas elecciones en las que él, Trump fuera el ganador.
Los cargos del segundo juicio político contra Trump son claros: incitación a una insurrección. 
La Cámara le ha iniciado este segundo juicio político, sin las largas audiencias que requirió la acusación en diciembre del 2019, después de que él presionara al presidente ucraniano para inventar y crear una campaña de desprestigio contra Hunter Biden, intentando demonizar a su padre Joe, quien él sabía, sería su futuro rival político en las elecciones.
La evidencia ahora, no son relatos de segunda mano, de reuniones y llamadas telefónicas. Los delitos se cometieron en público durante semanas y luego en vivo en la televisión nacional.
El asalto al Capitolio ha sido el intento más agresivo para destruir la democracia, una que ha sido paradigma moderno de la ateniense y que ha hecho de los Estados Unidos un líder mundial de la llamada civilización occidental.
Además de pretender colgar a Mike Pence, las turbas trumpistas desplegaron banderas supremacistas con escudos alusivos que negaban el holocausto judío, las ideas liberales que son la base de la democracia y, amenazando de muerte a las comunidades latinas, negras y asiáticas. Físicamente, intentaban secuestrar y asesinar a muchos congresistas. Con toda esta evidencia que hemos visto en television, por todos los medios de comunicacion y las redes sociales, ¿cómo es posible que algunos representantes a la cámara y muchos senadores republicanos sigan defendiendo lo indefendible?.
Todos aquellos que han alimentado esas mentiras para desconocer las elecciones más transparentes y limpias de la historia de los Estados Unidos de America, incitando a la sedición y a la insurrección, deben ser considerados como rebeldes terroristas; enjuiciados y castigados con todo el peso de la ley.
Si los hombres de la actual administracion, del Departamento de justicia y de las instituciones legislativas; los congresistas, que defienden la constitución, no sientan un precedente inapelable, sin rastros de impunidad, pronto veremos a los sediciosos e insurrectos, hundiendo esta democracia en el foso podrido del fascismo que suponiamos derrotado en 1945 con la caída de Hitler y la Alemania nazi, que provocó la 2a. Guerra Mundial. 
Los congresistas sediciosos y los medios de comunicación como FOX que difunden mentiras, deben ser castigados, porque no contribuyen al sano debate de ideas y argumentos, sino que promueven descabelladas teorías conspirativas, confunden a las bases que tienen bajo nivel educativo, se aprovechan de las debilidades de trabajadores escenciales e ingenuos que creen en tales mentiras, promovidas también por falsos pastores que engañan a sus feligreses y se aprovechan de sus necesidades emocionales y espirituales, para hacer fortunas personales mientras apoyan las peores versiones del poder. 
Muchos de esos votos, sobretodo de iglesias, denominadas evangélicas, han sido los que han llevado a los peores dictadores al, poder; personajes como Bolsonaro en Brasil o Dueterte en Philipinas.
El motín fue una muestra de la capacidad destructiva de estas masas movidas por mentes demoníacas, malintencionadas y enfermas, que no creen en el sistema y quieren convertir la democracia en dictadura, por el culto a la personalidad hacia un abominable narcisista patológico, que se niega a perder en cualquier campo y monta su permanencia a cualquier precio. Esta vez al costo de cinco vidas, la asonada destruyó la confianza de la nación y del mundo en la estabilidad de la democracia de los Estados Unidos.

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