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Política

por Luis Miranda

El coraje
del presidente 

El presidente Joe Biden, en un acto de la valentía que ha caracterizado su presidencia, compartió una experiencia reveladora de su compromiso con la democracia y los valores fundamentales. Hace algún tiempo, abordó el Air Force One en un vuelo secreto hacia Polonia. Desde donde emprendió un viaje de 10 horas en tren camuflado con ventanas opacas con destino a Kiev, todo esto en apoyo al presidente Zelenski y para demostrar la gran solidaridad con el pueblo ucraniano. Este gesto grandioso que lo distingue y lo enaltece en su gran valor como ser humano lo ha convertido en el primer presidente estadounidense desde la era Lincoln en adentrarse en una zona de guerra no controlada por fuerzas estadounidenses. El presidente estuvo acompañado de un selecto grupo de asesores y personal de seguridad, su presencia en Ucrania representó la idea de Estados Unidos como faro de esperanza para el mundo.
En un contexto global caracterizado por la creciente violencia y los grandes desafíos derivados de la pandemia del COVID-19; el presidente Biden ha reafirmado su compromiso con la democracia al brindar apoyo a naciones en conflicto como fue el caso de Israel, enfrentado a ataques terroristas devastadores. 
En esta incursión más de 1000 civiles inocentes perdieron la vida, y 250 jóvenes de diversas nacionalidades que participaban en un festival de música electrónica resultaron afectados; muchos de ellos asesinados o secuestrados. En estos momentos críticos, el coraje del presidente se destaca al exponer su integridad a riesgos significativos visitando peligrosas regiones y campos de batalla donde sucede lo impredecible como ocurrió con el bombardeo a un hospital que modificó el planeado encuentro con varios líderes del área en la firme determinación de Biden para defender los valores democráticos y la vida de la población civil, víctima inocente de esta guerra bestial.
Este esfuerzo es fundamental, ya que se están librando batallas ideológicas en todo el mundo, y la democracia y los derechos humanos están en juego. A pesar de sus imperfecciones, la democracia estadounidense ha perdurado por más de dos siglos y ha demostrado que las luchas y sacrificios para mantener e impulsar las instituciones democráticas han valido la pena.

Sin embargo, mientras el presidente Biden trabaja incansablemente para representar estos valores, los republicanos, con algunas excepciones honorables, conspiran en su contra para demeritar su labor como mandatario, destruir con artimañas los logros y afectar a las comunidades menos favorecidas que no alcanzan a descubrir tras la retórica maquillada y mentirosa, el peligroso juego que obstaculiza el funcionamiento del gobierno en perjuicio de sus propios derechos. 
Estas divisiones están marcadas por el odio y el fanatismo ideológico, arraigado en creencias racistas, xenofobia y la falsa noción de supremacía blanca. En un momento en el que el mundo se encuentra en una encrucijada, lo que está en juego es la preservación de los valores democráticos que respaldan los derechos humanos, el respeto por las diferencias y las creencias religiosas, la defensa de los derechos de las mujeres, incluido el de decidir sobre su propio cuerpo, así como la protección de los derechos de las comunidades LGBT y las minorías étnicas y religiosas en todo el mundo. El presidente Biden lucha por eso.
En última instancia, la batalla subyacente en estos conflictos radica en la errónea creencia de que algunas comunidades no pueden ejercer sus derechos y tener una influencia significativa sin un marco democrático que rechace la autocracia y las creencias supremacistas que algunos representantes republicanos en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos promueven. 
Esta falta de reconocimiento de cuestiones críticas que se manifiestan a diario, cuando por ejemplo, después de 565 tiroteos en lo que va transcurrido de este año; presenciamos masacres como la de Maine por el uso indiscriminado de armas de asalto; o la intensidad de fenómenos naturales debido al cambio climático como el huracán Otis que pasó rápidamente de tormenta tropical a un colosal y mortífero huracán de categoría 5 destruyendo ante nuestra mirada el puerto de Acapulco y la zona costera mexicana. Estos hechos reales y palpables no acaban de convencer a los incrédulos de que es urgente trabajar por el bien común dejando a un lado los prejuicios y sobre todo el odio que es el combustible que mueve a los adversarios del partido demócrata y enfocarse en lo fundamental de la labor que el presidente Biden lleva a cabo en defensa de la democracia, no solo en su propio país, sino en todo el mundo.

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