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POLÍTICA Y LITERATURA

Por Luis Miranda

La mesa como territorio: 

Tradiciones Culinarias Desde Colombia

Hoy hablaremos de la importancia de la comida como un elemento fundamental de la diplomacia y de los aportes de los inmigrantes a los Estados Unidos.

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La comida colombiana, en particular, ha ganado un lugar especial, con su variedad regional, su equilibrio entre lo ancestral y lo contemporáneo y su capacidad de narrar historias a través de ingredientes sencillos que han convertido sus platos en embajadores culturales. 

 

En estados como la Florida, Nueva York, Texas, California, Illinois y en general en los Estados Unidos, los restaurantes colombianos aparecen como espacios donde se cruzan generaciones, lenguas y memorias, allí, la gastronomía se convierte en diplomacia cotidiana: un diálogo entre culturas que se da sin discursos, sin protocolos, sin fronteras.

 

La cocina colombiana se toma como ejemplo de cómo las tradiciones culinarias pueden narrar la historia de un país y, al mismo tiempo, enriquecer la vida cultural de los Estados Unidos. 

 

Cada plato presentado es una ventana a un territorio, a una comunidad, a una forma de entender el mundo. 

 

Platos de la región andina como la bandeja paisa — símbolo de abundancia y hospitalidad; combina fríjoles, arroz, carne, chicharrón, huevo y plátano. 

El Ajiaco santafereño - sopa de tres papas con pollo y guascas; encarna la identidad bogotana, por ejemplo.  

 

En este viaje gastronómico destacaremos la importancia de la comida típica de los países latinoamericanos como un puente de cultura que portan los inmigrantes a donde quiera que vayan. 

 

Mostraremos la cocina como archivo cultural, la relación entre migración y gastronomía, testimonios de inmigrantes que han encontrado en la comida una forma de reconstruir su identidad porque en cada plato se resume una historia y cuando se prueba la comida de otro país, se está probando también su memoria, se prueba el país que se lleva en el corazón.

 

La bandeja paisa, el ajiaco, las empanadas, las arepas, las sopas de pollo con vegetales, el mondongo, el sancocho y el ajiaco, el plátano maduro; la suavidad de la yuca; el chicharrón cada plato es un mensaje de nostalgia y arraigo del terruño en el corazón de quien lo degusta.  

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Estos alimentos son diplomacia cultural, sin discursos, sin protocolos; una mesa compartida es un canto a la nacionalidad.

 

A eso se debe que los restaurantes sean una muestra clara de la mezcla de cultura y empresariado que se convierten en puente entre pueblos, porque la cultura no es un concepto abstracto, sino una experiencia que se vive con los sentidos.

 

La cocina cumple su papel, narra un país, unida a una comunidad. Muestra que la identidad latina en los Estados Unidos no es una presencia silenciosa, sino una fuerza que transforma, que enriquece, que invita y enaltece a todos como en la novela Inmigrantes, filósofos y empresarios. 

 

La comida disfrutada y servida en los restaurantes latinos demuestra que también puede ser literatura.

 

La comida es la primera embajada cultural de cualquier país.

 

La diáspora culinaria funciona así: crea puentes inesperados sin importar de dónde se viene; siempre hay un sabor que encuentra la esencia de cada uno de quien los prueba. 

 

Sin banderas, sin protocolos, sin discursos, el restaurante es una embajada, la diáspora culinaria convierte a los restaurantes en territorios simbólicos. Aquí la gente no solo come: aprende, recuerda, imagina.

 

Cada vez que se sirve un plato se siente que se está sirviendo un pedazo de la tierra.

 

Por consecuencia, la cocina funciona como diplomacia cotidiana, que no necesita tratados ni acuerdos, solo necesita una mesa compartida. Cuando un plato viaja, viaja también una historia y cuando esa historia se comparte, se crea comunidad.

La comida es el idioma más universal que existe. No necesita traducción. Solo necesita ser probada; cuando la diáspora culinaria se instala en un país, ese país cambia, se vuelve más diverso, más curioso, más humano, no es solo un fenómeno gastronómico, es un fenómeno humano; la prueba de que los países no solo se llevan en la memoria, también se llevan en el paladar. A cada paso la cocina demuestra que es una de las formas más profundas de narrar la vida.

 

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Agradezco a los restaurantes Pa'l Rancho de Coral Springs, Pembroke Pines y Boynton Beach, una empresa colombiana sirviendo a las comunidades del sur de la Florida por alrededor de veinte años y a su propietario Carlos Andrés, a Natalia y María por su contribución a la diáspora gastronómica colombiana y a la publicación de la novela "Inmigrantes, filósofos y empresarios", disponible en Amazon,com, Barnes and Noble, etc, donde recreamos su experiencia en uno de los capítulos dedicado a la cultura culinaria colombiana y al papel de inmigrantes empresarios enriqueciendo este pais.

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Luis Miranda

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