Política

por Luis Miranda

El legado de Trump: De Estados Unidos 
a Estados Divididos de América

La terca y obsesiva negación de la ciencia en relación a los temas fundamentales que afectan a las sociedades del siglo XXI ha provocado una catástrofe nacional de proporciones apocalípticas.
Hace un año a finales de junio del 2019 Rachel Madow denunciaba en televisión cómo la Casa Blanca ordenaba súbitamente mudar los departamentos de investigación del Departamento de Agricultura desde Washington D.C hasta Kansas City dándole a los científicos solamente 30 días para hacerlo o serían despedidos.  También informaba que quedaba prohibido publicar los resultados de las investigaciones. La famosa presentadora explicaba la importancia que ese departamento de investigación había representado en la historia de este país, como que en 1941 en medio de la 2da. Guerra Mundial los científicos ingleses tuvieron que acudir a ese departamento para producir lo que sería, no solamente una de las más poderosas armas contra el Nazismo, sino uno de los más importantes avances del siglo XX, uno que cambió la vida de millones para siempre, la producción de la Penicilina.
Durante los últimos 100 años las administraciones han mantenido un respeto absoluto por la ciencia como fuente indiscutible de las más críticas decisiones en los momentos clave de la historia y que han colocado a los Estados Unidos en el lugar de liderazgo mundial que lo había caracterizado hasta ahora.
A medida que el mundo se hace más complejo es más difícil tomar sabias e  informadas decisiones sobre los temas que más afectan a la humanidad en el año 2020.
 El recalentamiento global, la preservación de los Parque nacionales, la necesidad de desarrollar fuentes de energía limpias, de controlar la polución y de regular las emisiones de dióxido de carbono de las industrias manufactureras y de la producción agrícola, son temas primordiales para la supervivencia. Las investigaciones que Trump ordenó esconder, denunciadas por Rachel Maddow, son precisamente los temas más importantes para la seguridad nacional y la prevención de graves problemas que podrían afectar no solo a los ciudadanos estadounidenses sino a toda la humanidad.
Como si esto fuera poco, pudimos observar cómo se desmanteló el departamento científico y el equipo profesional encargado de prevenir y manejar las epidemias y las posibles pandemias que había dejado la administración Obama-Biden.
Todos hemos sido testigos de la inoperante y caótica Casa Blanca que John Bolton, un hombre muy cercano a la administración y conocedor de la realidad, ha descrito en su libro publicado el pasado 23 de junio.
El problema es que los temas decisivos de relaciones internacionales para nuestra supervivencia como líderes del mundo democrático han sido igualmente afectados gracias a una agenda chauvinista de corte fascista con ideología supremacista blanca que se hacen más graves en medio de la pandemia del Covid 19.
La continuada negación de la ciencia, de las estadísticas, de las investigaciones profesionales y el nombramiento caprichoso de personajes no preparados para asumir estas tareas han llevado al país al borde no sólo de una bancarrota económica sino de una bancarrota moral que nos ha colocado frente a un panorama desolador con más de 125.000 muertos gracias a la politización de un evento previsible y que otros países del mundo, muchos de ellos, sin la capacidad económica y los recursos de este, han sorteado con mayor fortuna.
Resumiendo, los temas fundamentales que afectan la vida actual y futura de los Estados Unidos están en manos de una administración que ha demostrado estar totalmente incapacitada para manejar con algún decoro las necesidades económicas, sociales y de diversidad cultural que conforman la actual estructura sociológica de esta nación.
Nada funciona, la inmigración es un plato caliente que el racismo rampante del señor Trump y los republicanos no permite solucionar, miles de inocentes niños enjaulados, inmigrantes encarcelados como delincuentes y sometidos al riesgo inminente de contraer el Covid 19 en cárceles privadas donde se pasea rampante e impune la corrupción y el abuso con reglas anti-constitucionales para tratar a quienes solicitan asilo.
La silenciosa y cómplice actitud de los congresistas republicanos frente a todos los desafueros cotidianos del señor Trump contribuye enormemente a un estado de desorden social donde las protestas por los asesinatos impunes de ciudadanos negros, latinos y de otras minorías que se han vuelto pan cotidiano, constituyen una amenaza constante de anarquía donde la venta de armas está disparada y los hechos de sangre abundan en ciudades y campos, como si viviéramos en un inmenso “Viejo Oeste”.
Los Estados divididos sobre cómo manejar la pandemia y la evidencia irrefutable de la falta de una agenda seria sobre los problemas esenciales del país han llevado precisamente a eso a cambiar “Los Estados Unidos de América” por los “Estados Divididos de América”. Ese es el legado que nos está dejando la rimbombante y twitera administración del señor Trump.  

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