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Por En USA news
La guardiana de las palabras: Martha Daza
y el arte de escribir desde la mesura
Escribir es una condición congénita del alma
Para Martha Daza, la escritura no es un oficio de horarios ni compromisos nupciales; es una necesidad biológica, una condición congénita que arrastra desde su natal Bogotá y que ha perfeccionado durante casi medio siglo de residencia en la vibrante Nueva York. Radicada ahora en la Florida junto a su esposo —también escritor— Daza ha construido un universo donde la poesía, el cuento corto y la corrección de estilo se convierte en un acto de profundo respeto por la voz ajena.
En tiempos donde la inmediatez y los algoritmos amenazan la autenticidad del lenguaje, esta autora colombiana defiende la literatura hecha desde el amor, el rigor técnico y la sensibilidad.
Martha Daza confiesa con honestidad que la oratoria no es su fuerte, pero su pluma habla con una elocuencia arrolladora. Aunque transita con naturalidad por diversos géneros, reconoce una inclinación natural:
"Yo creo que en mí, prima la poesía aunque no me limito en géneros; mi escritura responde a una necesidad diaria, es mi forma de expresión".
Actualmente, trabaja de manera permanente en la preparación de un nuevo libro de cuentos cortos. Este proyecto sigue la estela estética de su ópera prima, Cuento poema de la permanencia, una propuesta híbrida que difumina las fronteras entre la narrativa breve y el lirismo poético.
Al ser consultada sobre el temido bloqueo del escritor, Daza rechaza la idea de la escritura como una obligación sistemática. Prefiere adoptar una metáfora más libre y pasional: la literatura es una relación de amantes. No se acude a ella por contrato, sino cuando el deseo real de expresar algo se vuelve incontenible y se atraganta en la sensibilidad del creador.
Además de su faceta creativa, Daza ejerce una labor crucial en el ecosistema literario contemporáneo: la corrección de estilo. En un mundo donde cada vez más personas se arriesgan a contar historias sin ser necesariamente escritores de oficio, el error es inevitable y la figura del corrector se vuelve indispensable.
Para ella, enfrentarse a un texto ajeno es similar a un trabajo de campo. "Siempre en el terreno habrá escollos que salvar técnicamente", afirma, asegurando que este minucioso análisis de la prosa de otros no contamina en absoluto su propia voz narrativa. Su metodología como correctora destaca por una ética inquebrantable:
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La ortografía como punto de partida: El proceso técnico inicia con la limpieza gramatical básica.
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Respeto absoluto a la originalidad: Jamás interviene o altera la voz original del creador. Su función es acomodar lo expresado para que brille con claridad.
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Cuando asume la tarea de escribir un libro para un tercero, prioriza la escucha activa, interpreta la esencia del cliente, redacta y valida cada avance leyéndolo en voz alta para obtener la aprobación del autor.
La vida de Martha Daza está indisolublemente ligada a la de su compañero de vida, con quien comparte el viaje de la existencia y la pasión por las letras desde hace 54 años. La convivencia entre dos escritores genera una dinámica intelectual intensa, donde las discusiones sobre puntos de vista diametralmente opuestos enriquecen el día a día.
Una de las tareas más delicadas de Daza es corregir los artículos periodísticos de su esposo. El periodismo, un género que considera transversal y obligatorio para cualquier escritor respetable, exige parámetros de mesura que a veces colisionan con el apasionamiento creativo.
"Yo corrijo los artículos de mi esposo para adaptarlos a toda clase de público; bajarles la temperatura porque él es muy apasionado y en ese específico oficio se necesita mesura, sobre todo en tiempos de censura brutal".
Frente a las complejidades del mundo moderno, donde expresar opiniones puede herir susceptibilidades, la autora encuentra el refugio perfecto en las bondades del idioma español. Define nuestro lenguaje como un territorio "rebosante y pletórico en expresiones sinónimas", una herramienta perfecta para moderar y transmitir cualquier verdad incómoda sin perder la elegancia ni la diplomacia.
El legado familiar y el escepticismo ante la Inteligencia Artificial
Su hogar ha sido un semillero de pensamiento y servicio. Sus dos hijos, ya adultos, reflejan las distintas vertientes de la influencia familiar: su hija ha seguido los pasos del arte como poeta, psicóloga y fotógrafa en el sector corporativo; mientras que su hijo se ha decantado por la acción pública, consolidándose como un respetado asesor y consultor político con importantes cargos gubernamentales en los Estados Unidos.
Más allá de sus logros familiares y de su pasatiempo diario de cocinar por puro hobby, a Martha le preocupa el futuro de la palabra escrita. En plena era del auge de la inteligencia artificial, la escritora se mantiene escéptica ante la tecnología aplicada a la literatura:
"Confío en que las letras sigan dejando su simiente en las nuevas generaciones y que la inteligencia artificial, tan de moda, no las contamine, porque a fin de cuentas es un maquillaje que se corre y tarde o temprano deja ver los defectos".
Para Daza, la escritura no se nutre de algoritmos, sino de la educación autodidacta, de la asistencia a conferencias, de los debates literarios y, fundamentalmente, de la lectura voraz de todos los géneros.
Su premisa final es un mantra para las nuevas generaciones: cualquier profesión, pero especialmente la literatura, debe abordarse desde el amor absoluto al oficio y una preparación rigurosa y constante. Escribir es, al fin y al cabo, una condición congénita del alma.




