DESDE ARGENTINA
Por Carlos Madama - Buenos Aires, Argentina.
¿Siempre hay una causa?
Si bien se dijo alguna vez que la frase “Nadie necesita una causa para sentir cómo siente” la había pronunciado la escritora británica Agatha Christie en realidad parece tratarse de una confusión, una paráfrasis popular o una cita atribuida erróneamente a la célebre escritora.
Pero sea cómo sea, no deja de ser verdad ¿O si?
Los habitantes de esta bendita tierra nos pasamos la vida buscando “causas” para después gritar a los cuatro vientos que nos sentimos excelentemente bien. Sería algo así como la justificación del hecho que inconscientemente buscamos y que tal vez no sea lo que realmente necesitamos para estar “verdaderamente” felices.
La profundidad de la frase, sea o no de la pionera del misterio, que paradójicamente se están cumpliendo en estos días 46 años de su muerte, deja librado al azar los justificados de los costumbristas de las cosas, cuando en realidad deberían pensar que los sentimientos no necesitan buscarlos ni capturarlos como si fueran prófugos de la vida.
Quizá dentro de un plano donde la psicología pueda hacer de las suyas, podríamos sostener que la independencia de las ideas es proporcionalmente igual a los deseos de dejar sentado un precedente fidedigno para el futuro.
También podríamos decir y citando ejemplos concretos, que quizá Donald Trump escarbó entre caprichos y cobardía la guerra con Irán para después sentirse orgulloso por haber llegado a un final propicio para sus ambiciones políticas sin importarle ni un poco las consecuencias materiales y menos aún las vidas de cientos y miles de inocentes que en un abrir y cerrar de ojos quedaron atrapados con la mismísima muerte.
El presidente de los Estados Unidos -todos lo sabemos- no tiene límites en sus caravanas políticas y no le importa tampoco organizar un mundial de fútbol con tantos países representados se le presente. No le importan los conflictos internos, las miserias de muchas de esas naciones, las desorganizaciones gubernamentales y menos aún quién será el campeón, llámese fútbol o política.
Lo que sea lo va a vivir de la misma forma que está viviendo “su” guerra, o sea en su bunker acorazado al que nunca le llegaran las balas ni los comentarios adversos y menos todavía las críticas de todo el mundo. Donald se siente bien y con eso alcanza.
La política, las cuestiones sociales, el bienestar de los pueblos sometidos a las dictaduras más acérrimas como las de Cuba, Venezuela, Nicaragua por citar algunos ejemplos y la pobreza institucional forman parte también y en gran medida de quienes “necesitan una causa” para hacerse poderosos en el peor sentido de la palabra pero que les sirve para ganar elecciones mentirosas y perpetuarse en el poder.
Años de decadencia están viviendo estos pobres países pidiéndole limosna a los dueños de la plata del mundo que paradójicamente siempre queda en los bolsillos de quienes se supone son los encargados de repartirlo entre la comunidad.
Palabras más, palabras menos el mundo se sigue manejando dentro de las injusticias que desparraman quienes sostienen que es necesario tener una causa y sostenerla con el solo pretexto de sentirse realizados frente a un espejo tan mentiroso como ellos.
“La vida es otra cosa” frase que a nadie le importaría que también se la adjudiquemos a la enigmática y siempre vigente Agatha Christie.

