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DESDE ARGENTINA

Por Carlos Madama - Buenos Aires, Argentina.

EN BUSCA DEL DESTINO

El hombre busca su destino desde el primer momento de su mañana. Abre los ojos, mira una vez más el cielo raso descascarado de tanta nostalgia y amaga con levantarse de la cama también cansada de tanto peregrinaje. 

Sus días son largos, tanto como la esperanza de poder emigrar de una vez por todas del país que le ha dado una nacionalidad pero nada más que eso. 

El hombre sufre por él y por su familia y sobre todo por el futuro de sus hijos que aun cursando sus primeros estudios, no alcanzan a comprender fehacientemente cuál es el valor de la vida y dentro de qué nivel de la escalera del éxito se encuentran sus padres, trabajadores incansables de la noche a la mañana.

Por esas cosas de la causalidad, el hombre vive en una humilde casa prefabricada a unas pocas cuadras del aeropuerto, junto a su mujer y sus hijos. El ruido ensordecedor las turbinas de los bólidos de acero ya casi ni lo molesta. Es más, precisamente ese es su mayor desafío de los últimos tiempos: subirse junto a los suyos a una de esas naves y emigrar por fin en busca de un lugar que le pueda brindar esa tranquilidad tan deseada y esperada en tantos años de sufrimiento.

En rueda de amigos siempre comentan aquello que dice que “al principio de cualquier exilio todo es difícil, las extrañeces a lo abandonado brotan como la gramilla y se mezclan con las dudas eternas acerca de si era absolutamente necesario haber tomado la decisión”.

Por otro lado, la resiliencia, el éxito a través de la adaptación y el emprendimiento, nivelan la balanza, siendo el tiempo el juez inapelable para saber si todo será fructífero o ha sido en vano.

Dicen las anécdotas que nunca faltan, que hay quienes tuvieron un bebé prematuramente en su nuevo destino para sentar raíces autóctonas, o de quienes usan anillos o collares de algún ser querido para sentirse conectados permanentemente. O de quien emprendió un negocio de comidas y contrató a otros migrantes para luchar en compañía y para que nadie resulte víctima de la discriminación que nunca falta.

Muchas veces cuenta a favor de la toma de decisiones, la experiencia de quienes se fueron adelantando a esta aventura de emigrar. Familiares, amigos, conocidos que ya han sentado sus pies en países generalmente magnánimos (papeles mediante) como Estados Unidos, España, Australia que cuentan ya con grandes colonias de latinoamericanos que supieron ganarse el lugar que fueron a buscar y que les sirvió para despegarse definitivamente de sus orígenes chatos y mediocres.

El hombre por fin se levanta de su cama, acaricia la cara de su mujer que todavía descansa de su presente, mira a los chicos que duermen en una cama pegada a la de ellos y sale a la calle a respirar tal vez los últimos aires viciados de tristezas y mediocridad.

 

El ruido ensordecedor le anuncia que un nuevo vuelo sale con destino incierto (al menos para él) levantará su cabeza raída y mirará la panza de acero y seguramente y dentro de sus convicciones más acérrimas, se jurará, en un tiempo próximo, estar del lado de adentro, que es precisamente, donde viajan las esperanzas.

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Carlos Madama

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