DESDE ARGENTINA
Por Carlos Madama - Buenos Aires, Argentina.
LOS CAMINOS DE LA VIDA
Los caminos de la vida nos llevan irremediablemente a transitar por muchísimas y distintas circunstancias que -reconozcamos- terminan cuando quien maneja los destinos del universo (y de nosotros) decide dar por concluida nuestra excursión por este mundo tan lleno de momentos sublimes y de los otros.
El escritor uruguayo Mario Benedetti, describió la vida como una mirada profunda, realista y melancólica, viéndola a menudo como un viaje breve, una repetición cotidiana o una oportunidad para buscar la autenticidad y el amor.
Pero más allá de lo poético, hay otras reflexiones acerca de nuestro paso por esta hermosa oportunidad que nos regalan para poder cumplir con los propósitos que siempre están en la mente de quienes cohabitamos este suelo bendito.
La pregunta bien podría ser ¿De que se trata esto? Y una de las respuestas posibles podría ser “se trata de trazar objetivos, imaginar utopías y maravillarse con las expectativas de los resultados”.
Demás está decir que no importan las edades para pensar e imaginar un mundo de flores amarillas. Cada uno en su momento del ciclo de la subsistencia tendrá el tiempo necesario para exprimir los deseos por más inverosímiles que sean.
Desde jugar a todos los juegos posibles en las infancias a desarrollarse genéticamente, a enamorarse por primera vez, a graduarse en las distintas etapas del aprendizaje con buenas o malas notas, a servir a la patria en cualquiera de sus necesidades y a terminar sentado en una silla tan desvencijada como su cuerpo mirando como las nuevas generaciones empiezan a transitar el mismo camino establecido por Dios.
Aprender a caminar, a correr a saltar, a caerse al piso una y otra vez y llenarse de moretones que seguramente estarán pegados al cuerpo hasta que le entreguen su certificado de Jurista o Médico o de conductor de colectivos o de lo que la vocación de cada uno repercuta en los sabios momentos de decisión.
También formar una familia y tener hijos y malcriarlos hasta explotar de la risa. Comer, viajar, tener frío o calor, tirarse al mar a nadar, soltar los pájaros que sufren de soledad dentro de una jaula, comprarse el primer auto (no importa si es usado), sacudir la ropa con el cuerpo incluido bailando un rock and roll y sufrir por cualquiera de las injusticias de la vida.
Dicen que en el camino de la vida hay espejos cada cinco o diez metros; que cada uno de ellos muestra una imagen diferente al anterior y al posterior y que depende de cada persona llegar al espejo correcto y que se complemente con cada cuerpo. Dicen también que algunos deforman tanto al cuerpo que se hace casi imposible reconocerse, pero que está en el esfuerzo y en las ganas ir mejorando la visión que será la que nos llevaremos para quién sabe dónde pero que quedará en el recuerdo de los que se quedarán un tiempo más dando vueltas en este laberinto.
Reflexionando, podríamos decir que el día a día es la mejor opción para llegar preparados e ilusionados al espejo siguiente y que el último del camino nos muestre tal como hubiéramos querido ser.
“Qué día es hoy” preguntó Winnie Pooh
“Es hoy” contestó el cerdito…
“Mi día favorito” exclamó Pooh

