MUJER NUEVA
Por Noris Capin
Siempre seremos quienes somos
El mes de la herencia hispana se observa anualmente en los Estados Unidos. Este año se celebra, como siempre, comenzando en septiembre 15, hasta octubre 15.
Es un tiempo de impecable gallardía porque se encumbran y se realzan las contribuciones e influencias de la cultura hispánica a través de toda la nación.
Es un mes primordial para nosotros los hispanos, aquellos que no hemos nacido en esta patria, a la que ahora pertenecemos, y para nuestros descendientes en cuerpo y alma. Engrandecer este tiempo de herencia hispana es un orgullo. Para mí lo es, y para todas las personas que sienten dentro de sí la historia, no sólo la nuestra, sino la de este gran país que siempre ha sido protagonista de la independencia, la democracia y la libertad.
La democracia es un sistema de gobierno y organización social en que el poder reside en el pueblo, a través de sus representantes elegidos. Según el diccionario, la democracia proviene de las voces griegas demos (pueblo) y Kratos (poder o gobierno), traduciéndose literalmente como “el poder del pueblo”.
Nosotros, los hispanos, tenemos una voz vibrante que ocupa un lugar histórico y convincente en la existencia de esta nación, y sí tenemos voz, como la mía, que se alza victoriosamente en defensa y compasión por la humanidad.
Dolorosamente, nosotros los hispanos somos vejados e inculpados por quienes hoy sienten y aspiran a vivir como aquellos que diezmaron a los indoamericanos y esclavizaron a los nativos de África. ¿Nuestra culpa? Haber nacido en países donde todavía suelen aparecer y perdurar regímenes autoritarios disfrazados de democracias, políticas corruptas, y delincuentes que operan como si fueran cuerpos militares. Pero nosotros, que somos la gran mayoría de la población hispana de los Estados Unidos, no somos la excrecencia de nuestras tierras, sino los que hemos salido al destierro por no querer someternos a las epidemias morales causadas por gobernantes tan codiciosos como ineptos.
Y no es justo que aquí se nos vea como si fuéramos los culpables, y no las víctimas.
Eso es imperdonable, lo digo como ciudadana estadounidense y habitante de la tierra de Abraham Lincoln, defensor del derecho humano a la libertad.
Somos hijos nacidos a la imagen y semejanza de Dios; todos somos iguales, porque Dios nos proporcionó Su “toque personal”, formando al hombre del polvo para darle vida de Su propio aliento: “Cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó, y les dio su bendición”. (Genesis 1: 27-28).
En este mes de la Herencia Hispana en los Estados Unidos de América, debemos dar gracias al país que, aunque no nos vio nacer, nos ha visto crecer.
Somos hijos del destierro, y de los Estados Unidos de América. Como desterrados hemos venido a esta tierra, que nos acogió. Nosotros, a cambio de este nuevo hogar, le hemos dado a esta tierra nuestro esfuerzo de cada día, nuestros sacrificios, nuestros hijos, nuestra simiente, con lo que también le hemos dado nuestra cultura y nuestra historia, de la cual se enorgullecen los pueblos ibéricos de Europa y de América toda.
Celebremos este mes, como cada día, con los brazos abiertos, con la oración en los labios, bajo la protección de los ángeles de Dios. Y seamos como los enviados de Dios, siempre con la verdad a flor de piel, la decencia, la dignidad y el honor, pero salgamos por todo lo alto, con nuestros derechos humanos bajo el brazo, con el caparazón que nos ha dado Dios para enfrentar los momentos de arbitrariedad y de injusticia.
Noris Capin
Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. Génesis 2:7

