Editorial

¡Cuando un hermano se va!

Esta es la nota que nunca quisiera escribir, más aún cuando se trata de un hermano a quien ayudé y le di protección desde la distancia,  quizas  porque lo vi como el que no avanzó y se quedó en el tiempo.  Su pasión era los caballos y las apuestas, y tuvo sus seguidores en búsqueda de datos precisos.
Mi hermano Rey, como lo llamábamos, a pesar de su jovialialidad y carisma,  fue muy solitario; vivió siempre con mi madre, cuidó de ella,  y fue su compañero hasta que partió en 2016.  Solo le quedó su perrito Manchi quien al tiempo murió, quedando solo al cariño y asistencia de sus hermanos y familia mas cercana.  Nunca formó una familia; se conformaba con que estuvieran pendiente de él y que no le faltara comida.
El 5 de marzo cumplió 62 años (aparentaba menos) y ese mismo mes fue hospitalizado por infección pulmonar, lograron extraerla en parte, dió señales de recuperacion pero la falta de atención de especialistas que dieran con su cuadro clinico real, empeoró su situación

Indolencia en cadena por parte de los especialistas de torax del Hospital Central de Maracay, Aragua, Venezuela
Coincidiendo con mis hermanos que estuvieron cerca de él, la indolencia médica por parte de los especialistas que nunca tomaron su caso como crítico y de urgencia, y ni siquiera aparecieron por su habitación, puedo concluir que quiza mi hermano Rey pudo haberse salvado de haber tenido la presencia y atención a tiempo de esos especialistas.  El nivel de indolencia que corre a cántaros por los pasillos de cualquier centro médico en Venezuela es tal que solo nos queda resignarnos y dejar en manos de  Dios  a esos “médicos especialistas de torax” que le dieron la espalda a un ser humano para salvarle la vida. Los que estaban alli eran los medicos estudiantes de postgrado del área de  medicina interna.  

Hospitales -pura fachada
Pero lo más insólito es que en ese hospital, bien construido y de estructura sólida, hay  escasez de todo (equipos, implementos e insumos.)  Hay que llevar todo- desde una jeringa, y pare usted de contar.    Cada medicamento que pedian se lo entregábamos de inmediato.  Nunca escatimamos esfuerzo  para pagarlos, en su mayoría en dólares,  porque nuestro norte era salvarle la vida a nuestro hermano a todo riesgo.  
En una Venezuela sin liderazgo, y con una democracia que quedó enterrada, la fortaleza de sus servicios básicos y toda su estructura se ha desmoronado, y así los valores y principios de su gente.
Ahora, lo que nos queda de nuestro hermano es su recuerdo eterno, su sonrisa, chistes propios de su personalidad, y los sesenta y dos años que fue lo único que nos pudo acompañar.
¡Hasta pronto hermano!

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