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SILLAS VACÍAS

Por Carlos Madama - Buenos Aires, Argentina.

LA PAZ NO ES POSIBLE

Si bien las comparaciones son odiosas y salvando las distancias (que las hay) la reconstrucción de la República Argentina después de 37 años de gobierno peronista, bien podría llevarnos con la memoria a lo que pasó en Hiroshima en 1945. Causalmente, en ese mismo año se instituyó entre los miembros de ese partido como el Día de la Lealtad, como apoyo al triunfo del militar Juan Domingo Perón.

Los destrozos  de aquella fatídica bomba en Hiroshima y Nagasaki fueron descomunales; ciudades arrasadas por la locura endemoniada, que demandó años y años para ser reconstruidas e incluso modernizadas por la mano del hombre.

En Argentina en cambio, el populismo ha dejado al país en una situación imposible de levantar. Desabastecimiento, salarios indignos, un índice de pobreza del 42 por ciento, la educación en la peor de las situaciones donde se implementa la “no repetición” provocando que la mayoría de los estudiantes del segundo nivel egresen sin las mínimas capacidades para ingresar a una carrera terciaria; diputados y senadores que piensan nada más que en sus bolsillos aprobando en apenas minutos subas descomunales de sueldos sin que siquiera les aparezca una mancha de rubor en sus mejillas; con los sindicatos propiciando huekgas caprichosas e interesadas;  la economía por el piso con una devaluación atroz, con un valor dólar por las nubes, hiperinflación a pasos nomás de la vida y tantos desastres más que obligan a los habitantes de este bendito suelo a rezar para que el  día siguiente sea un poco menos peor que el que pasó.

Ni los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri con medidas que no ayudaron absolutamente para nada, ni el actual del libertario de Javier Milei que viaja más de lo que gobierna, han podido revertir esta situación.

El desastre heredado necesita de más tiempo y la voluntad férrea de quienes deben manejar las riendas del gobierno. Los intereses individuales sirven nada más que para alimentar egos y para creerse poderosos, cuando en realidad el apoyo mayoritario del pueblo en las elecciones generales, apuntaba a otro lado. Evidentemente la ceguera se ha apropiado de los tantos que pasaron en estos tantos años de vida desde aquel 1945. También la amnesia ha hecho de las suyas invadiendo el cerebro de los que tanto prometían y después se olvidaron de ejecutar.

El peronismo populista sembró miseria, los militares sembraron muertes y vejaciones al por mayor, y los demás que pasaron fueron tan efímeros como sus accionar.

Hoy, con un gobierno reciente que soporta los palos en la rueda de los opositores porque si y con la poca voluntad de quienes debería solucionar los problemas, la Argentina se encuentra en uno de sus peores momentos.

Mientras no haya un “sincericidio” de quienes tanto mal le hicieron al país, la situación no va a cambiar. Los discursos no sirven, la mayoría de la población no tiene plata para las necesidades básicas ni para atenderse libremente en los hospitales porque además,  estos carecen de los implementos sanitarios indispensables.

Con estas pautas, donde cada político tira para su carro sin importarle las consecuencias, es claro que la paz no es posible.

Seamos Hiroshima y no Argenzuela.

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Carlos Madama

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