Otro año, mismas realidades

Por Carlos Madama Hernández
Buenos Aires, Argentina

Otro año que se fue en la Argentina y en el mundo y en lo que respecta a este suelo bendito, ha quedado un sabor bastante amargo en lo que hace a la estabilidad y a una vida digna. Lamentablemente el poder político, mezquino para el pueblo y avariento para sus causas, han provocado una grieta que será muy difícil de remontar en los próximos años.
Es que la mezcla de unas y otras ha provocado la desaparición de la clase media. Ahora hay ricos y pobres donde antes éramos todos iguales. Los primeros en su mayoría políticos, amigos de ellos, empresarios sedientos de más y más plata y una sarta de acomodados a los placeres de la buena vida. Después la nombrada grieta, cada vez más extensa y  profunda que deja en el fondo a la mayoría de un pueblo castigado y sufrido. 
De todos modos, nada es de extrañar. Desde hace años la Argentina viene pasando por malas administraciones donde las cuestiones personales están por arriba de las preocupaciones de un pueblo que ve cómo a un ritmo desenfrenado, se hace cada vez más difícil llegar a fin de mes con los sueldos míseros que ya no alcanzan ni siquiera para poder llegar a la canasta básica familiar.
La brecha entre pesos y dólar es cada día más ancha, los aumentos de precios provocan una inflación que está entre las más grandes a nivel mundial. La pésima comunicación entre el gobierno y los más necesitados, se nota precisamente en la economía cada vez más devastada. 
Prácticamente aislados de la ayuda internacional, el pueblo vive castigado y a la espera de un milagro que sabe que nunca va a llegar. En  tanto, la emisión monetaria es diaria y la entrega de planes pro eleccionarios crece descabelladamente sin un límite que contenga tanto desastre organizado.
Las recientes elecciones que le quitaron mayoría al oficialismo, parece ser una de las llaves que abra la puerta del diálogo y que las diferencias se achiquen o que al menos no pase lo de antes de éstas, donde el gobierno presentaba proyectos irrealizables, pero que su mayoría votaba afirmativamente sin importar las consecuencias.
Y como si fuera una isla en el medio del mar, estamos los  honestos que trabajamos y que todavía tenemos utopías en un país otrora rico. Argentina siempre se ha destacado por la riqueza de su suelo y por la voluntad de trabajo de su gente, desde los primeros labradores que fueron poblando el país, hasta los hijos y nietos de aquellos que siguen forjando aquellas ideas progresistas. Todo el mundo sabe que si alguien tira una semilla en cualquier parte del suelo argentino, con el tiempo crecerá una planta. Así de rico y de árido es este suelo que tanto se empecinan en destruir con los caprichos personales de quienes piensan más en su futuro de millonarios que en el bienestar general.
Un nuevo año acaba de comenzar, pero la incertidumbre no parece terminar…