La otra Argentina

Por Carlos Madama Hernández
Buenos Aires, Argentina

El argentino es una persona muy especial. En tiempos de crisis (como la que se está viviendo actualmente) se queja, maldice y hasta hace planes para irse lo más lejos posible para empezar una nueva vida. Estados Unidos, España y Australia, en ese orden, suelen ser los lugares elegidos por la mayoría. Están quienes consiguen su cometido y quienes lo intentan mil veces para lograrlo. Eso sí, entre ambos, hay una coincidencia general que se grita a los cuatro vientos: No hay un país como la Argentina. 
El sentimiento generalizado, sabe de diferencias. Entiende que no es culpa del país la situación actual, sino de los gobernantes que fueron pasando a lo largo de los años pre y post democracia. Ese es el motivo principal de la emigración y no otro.
Por eso, el argentino llora cuando en cualquiera de los lugares donde lo llevó el destino, se escucha un tango o cualquier melodía del arrabal. El mismo tango que se sigue escuchando en los bodegones porteños, en los café de la calle Corrientes o en los coloridos recovecos del barrio de la Boca, con bailarines mágicos y sombras de Quinquela Martín dando vueltas por el aire viciado de sentimiento.
También se le hace un nudo en el pecho cuando escucha hablar de la plaza Julio Cortázar y de la cantidad infinita de posibilidades de sentarse a una mesa de los míticos barcitos de comidas rápidas con entrada de maní con cáscaras en el piso y cerveza artesanal de todos los colores. Volver con el pensamiento furioso de añoranzas a Las Cañitas, al Parque Japonés, al Planetario, a los bosques de Palermo y sus misterios, al Luna Park de los recitales inimaginables, a las canchas de River Plate y Boca Juniors, dos de los más famosos equipos de fútbol del mundo.
¿Qué turista no quisiera perderse en las calles angostas de San Telmo? ¿Qué argentino no quisiera volver a pisar esas mismas calles? ¿Qué argentino no quisiera volver a sentarse en cualquiera de los famosos e inigualables restaurantes que hoy disfrutan muchos de los extranjeros amantes de la buena cocina?
Dice la teoría, que quien se va a otro país empieza con sus extrañeces en el mismo hall de espera del aeropuerto. Y por eso se dan vuelta tantas veces para ver por última vez el suelo y respirar aire conocido y familiar. Y aspiran además a que el avión levante vuelo para el Norte y los deje ver el Obelisco y la plaza de Mayo y las diagonales, antes de meterse en el interminable Río de la Plata, que se volvería salado si las lágrimas de abordo llegaran a él.
Argentina es mágica, linda por dónde se la mire, lástima los gobernantes que tan mal le hicieron y le siguen haciendo para bien propio y para mal de los que la habitamos.

Argentina:

Nada se pierde, todo se transforma

Por Carlos Madama Hernández
Buenos Aires, Argentina

La idea perpendicular de un gran número de argentinos por emigrar a otros países, no se ha perdido, por el contrario. Y como respetando las estadísticas, el primer país elegido para sentar nuevas bases, es Estados Unidos.
Una encuesta realizada recientemente por la consultora Taquión Research Strategy indica que el malestar de los argentinos crece en intensidad y afirma que 8 de cada 10 habitantes no dudarían en irse del país si las circunstancias lo permitieran.
La coincidencia acerca de los motivos, radica en que los participantes de la encuesta, se manifiesta “pesimista” acerca de las chances de la recuperación económica en lo que resta del año, al igual que la inestabilidad  social, la falta de trabajo y los abusos permanentes del gobierno en la creación de nuevos impuestos y condiciones muy difíciles de soportar.
La transformación en esta época y que está resultando el  principal impedimento, no es otro que el COVID, y la peligrosidad de contagios en las fronteras. Otro de los motivos por los cuales la gente no repite el fenómeno del 2001, es por las restricciones que la misma Embajada norteamericana ha impuesto a quienes tengan por idea migrar aunque sea transitoriamente en busca de un futuro más allá de los seis meses de permiso legal. Igualmente, la inquietud no desaparece. 
Pero a diferencia de aquellas épocas, ahora la emigración dejó de ser una aspiración individual. La interminable cuarentena (insólita y sin resultados positivos) y la constante presión impositiva del gobierno hacia las Pymes (Pequeñas y Medianas Empresas) y las multinacionales, han provocado muchísima desocupación y que decenas de empresas empiecen a valorar la posibilidad de buscar nuevos horizontes.
Distintas consultoras comerciales especialistas en emigración empresarial, no paran de recibir pedidos de asesoramiento en cuanto a inversiones en suelo estadounidense. La generalidad, habla de la venta de los pasivos y la posibilidad de radicación en un suelo que respeta a quienes se adapten y acepten las consignas establecidas.
Leonardo Vitale es un ciudadano argentino que nos cuenta en primera persona su caso. “Me duele decirlo, pero en mi país no tengo más posibilidades de nada, llegó el momento de  tomar una resolución que me permita crecer, o al menos no seguir cayendo”.
Después de años de trabajo, Vitale tuvo que cerrar su comercio. Vendió el mobiliario, su casa, su auto y tomó el avión que lo depositó en Miami, en donde está cerrando una inversión comercial que le permita empezar de nuevo. “Mal que se deja, bienestar que se avecina” dice, mientras sueña con mejores paisajes económicos.
La realidad argentina, lamentablemente, invita permanentemente a emigrar como ya lo hicieron miles de argentinos que hoy sepultan en su memoria un pasado de padecimientos, disfrutan de un presente soñado y se encaminan a un futuro digno y fructífero para  sí y para su descendencia.

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